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Excluyen de las licitaciones a los fabricantes locales

Gran número de medicamentos fabricados aquí se vende con éxito y gana concursos en otros países, desde los centroamericanos hasta las repúblicas caribeñas y de América del Sur

ólo tres empresas salvadoreñas fabricantes de medicamentos fueron invitadas a ofertar en una licitación montada por el Ministerio de Salud, hecho inexplicable pero acorde con los usuales procedimientos del actual régimen, como quedó en evidencia con la compra de camiones chatarra a una empresa china, casi desconocida.

Es obvio que a los jerarcas del partido en el poder les irrita la existencia de productores de medicinas en el país, como se demostró con la insultada y difamación que un subsecretario de esa cartera les hizo, comparándolos con narcotraficantes y lavadores de dinero.

Aparejado con el ultraje, el sujeto de marras anunció que iba a investigar a las empresas, pero a partir de entonces ha estado muy calladito, ya que no encontró nada que justificara sus calumnias. Pero ahora el Ministerio la emprende de nuevo contra ellos al excluirlos de la licitación.

Los fabricantes locales no están pidiendo favores, sino simplemente que les tomen en cuenta y que gane el mejor. Y tienen razón para pedirlo: gran número de medicamentos fabricados aquí se vende con éxito y gana concursos en otros países, desde los centroamericanos hasta las repúblicas caribeñas y de América del Sur.

Las empresas son propiedad de inversores locales, pero son también un patrimonio de toda la cadena de personas, profesionales, negocios, proveedores, comerciantes y los miles, o centenares de miles de salvadoreños y extranjeros que forman parte de los engranajes productivos. Se compran materias primas, se usa energía y agua, se pagan transportes y bodegajes, quienes reciben salario en esas fábricas compran en tiendas, almacenes y negocios de comida rápida además de pagar colegio para sus hijos…

El problema es que en la clase política que se ha entronizado, son contados con los dedos de una mano los que tienen experiencia en trabajos del mundo real, o que hayan pagado planillas de su bolsillo. No se dan cuenta de que sus insultos y difamaciones son también ultrajes a todos los salvadoreños que no viven de presupuestos públicos y tienen que obedecer el mandato bíblico de "ganarás el pan con el sudor de tu frente".

A la vez, los presupuestos públicos no son un regalo de Chávez, sino dinero que genera la gente de trabajo de El Salvador.

Hay transparencia cuando el público tiene acceso a la información

Debería ser fácil entender que excluir a fabricantes locales es excluir a todos los salvadoreños que, en una u otra manera, son parte de los engranajes de las fábricas de medicamentos. De allí que con amigos como estos rojos, el país no necesita enemigos, pues ellos se han impuesto la tarea de socavar y perseguir a los productores nacionales.

No hay pueblo sobre la Tierra que hubiera podido hacer una destrucción y exterminio más profundo a El Salvador, como sus autodesignados redentores.

Las licitaciones limpias, y por limpias se entiende aquellas en las que el público puede ver toda la documentación que respalda el haber escogido a unos sobre otros, son la manera más honesta y justa de adjudicar la compra de bienes y servicios.

Es también la forma de garantizar que la población que recibe los servicios de Salud, lo que incluye las medicinas que les entregan, serán de calidad y a los mejores precios lo que, a su vez, significa que habrá mayor eficiencia en el gasto presupuestario.