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Estamos siempre a tiempo de defender la civilización

Lo que ahora toca proteger es la democracia como un derecho de hombres libres, no un recurso de bandas totalitarias y de las pandillas a las que recurren para intimidar y perpetrar fraudes

Siempre se está a tiempo para salvar nuestra democracia y salvar la civilización, lo que es el principal reto de los salvadoreños en los próximos tiempos, como es la tarea de los líderes en lo moral, intelectual, productivo y cívico en esta tierra.

El domingo se cruzó una raya, entramos en un campo hasta entonces inédito, donde dejó de existir la fiesta cívica y la confianza de años previos, para caer en una situación en que muchos ciudadanos dejaron de votar por terror, se les presionó o se hartaron de tanta propaganda política.

Nunca antes se había visto una campaña de saturación propagandística que a las claras estaba financiada desde fuera o usando recursos de desconocida procedencia. Y tal apabullante derroche de dinero puso en evidencia que comprar la elección y comprar el poder que de allí se deriva, se sobrepuso a toda medida.

¿Qué es lo que se propone el partido que va adelante, como para echar mano de todos los mecanismos, ardides, patrañas y engaños, que se vieron en estos últimos meses y el propio día de las elecciones?

Nunca antes pandilleros abiertamente amenazaron votantes, se hicieron presentes en muchos lugares de votación y estuvieron rodeando poblados y barriadas.

Nunca antes una elección en El Salvador se articuló desde fuera, tanto para elaborar eslóganes y pancartas, como asesorar con las técnicas de los fraudes y las manipulaciones que hoy en día definen procesos electorales en varios países del Hemisferio.

El triunfo, como van las cosas, lo definirá el voto del veinticinco por ciento de todos los ciudadanos inscritos, lo que no es licencia para arremeter contra la institucionalidad, desmantelar el Orden de Derecho y coartar las libertades fundamentales, como se viene pregonando al hablar sobre "los cambios que exige el pueblo" pero sin definirlos nunca.

La gente considera natural, un derecho que Dios le dio, hacer lo suyo sin miedo. Pero no tener miedo es cosa del pasado en gran parte del país.

Pero eso que hacemos con toda naturalidad, cada día de nuestras vidas, es impensable bajo regímenes socialistas, donde unos cuantos, los jerarcas, toman en sus manos e imponen por la fuerza lo que para ellos debe comer, vestir, leer, decir, mover, emplear o hacer en sus ratos libres cada individuo y cada sector en su territorio.

Que no se repitan aquí las farsas electorales de otros países

Mucho del voto que favoreció a los candidatos comunistas fue el voto del hombre o mujer a quien un reparto de semillas o de útiles escolares fue el plato de lentejas que le llevó a vender su primogenitura. Y primogenitura, los privilegios del primer nato, son los privilegios que todos adquirimos al ver la luz en un país libre.

Cada persona debe defender sus derechos elementales, básicos, como cada individuo dotado de capacidades, experiencia y conocimientos debe ser la trinchera de lo sensato, lo honesto y lo eficiente. Y lo que ahora toca proteger es la democracia como un derecho de hombres libres, no un recurso de bandas totalitarias y de las pandillas a las que recurren para intimidar y perpetrar fraudes.

Debemos defender nuestras libertades y defender el legado de aspiraciones y principios que recibimos de nuestros próceres y de aquellos que sacrificaron su vida combatiendo dictaduras. Que no sean las elecciones futuras el engaño en que ahora ha caído El Salvador y otros países en América.