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En esta fecha patria pensemos en los niños de El Salvador

Lo que toca a cada uno que tiene la posibilidad de hacerlo es ayudar a un niño, o a varios niños o a los niños de una comunidad o un vecindario, a tener una mejor vida, a asimilar algo útil

La fecha patria es para recordar a nuestros Próceres, enaltecer su devoción por la libertad, retomar los principios y valores que sustentaron la revuelta contra la dictadura de Fernando VII y el oscurantismo prevaleciente en la España de esos tiempos.

Este 15 de Septiembre debemos pensar en los niños y los adolescentes de El Salvador, en una niñez que, en su mayor parte, está desprotegida, amenazada, triste y casi sin futuro, la niñez que le tocará heredar el desastre de estos años, que está siendo manipulada y, las más de las veces, ignorada.

Más de treinta mil niños salvadoreños arriesgaron sus vidas para llegar a Estados Unidos y así escapar de la violencia y del horror que se sufren en incontables comunidades del país. Es ese el síntoma que define la situación de El Salvador, la clase de régimen que se padece, al igual que el desmoronamiento moral, institucional, de seguridad, económico y de horizontes en que la Nación está hundiéndose.

Lo que toca a cada uno que tiene la posibilidad de hacerlo es ayudar a un niño o a varios niños o a los niños de una comunidad o un vecindario, a tener una mejor vida, a asimilar algo útil, a ser responsable, a pensar por sí mismos y a pensar con lógica, a saber razonar. Y mucho de esto se puede aprender con las manos, enseñándoles artesanías, poniéndoles a hacer cosas útiles en sus casas, a ordenar y limpiar.

No se puede ayudar a todos los niños y a todos los adolescentes, pero en la medida en que se enseñe algo positivo y útil a uno o a varios de ellos, se extiende el buen ejemplo, se disipan en parte las tinieblas que cubren los horizontes de la niñez en esta tierra.

Se debe hacer un esfuerzo colectivo de padres y familias para contrarrestar las lecturas del odio y la estupidez a la que se obliga a los escolares en El Salvador, a lo cual se suma la ocurrencia de enseñar náhuatl, una lengua sin literatura que no encaja en el mundo contemporáneo.

Hay que retomar los ideales

que inspiraron a los próceres

En una entrevista reciente, el presidente uruguayo, José Mujica, dijo que era un lujo en su vida, como lo es en la vida de cualquier persona, no odiar. Y esa debe ser una tarea esencial en nuestro país: enseñar a los niños a no odiar, lo que pasa por reconocer el derecho de todos a tener sus propias ideas y querencias siempre que no sean las de odiar o de propagar el odio.

Si la caridad comienza en casa, la primera tarea de un padre y de todo adulto es proteger a sus niños de odios y protegerlos de la sinrazón.

Crecer en El Salvador, para muchos niños y adolescentes, es sobreponerse a las corrientes del odio, a sobrevivir los negros nubarrones que hay por doquier. Y fue en ese empeño que tantos niños afrontaron peligros para llegar adonde no se les persiga y no se les mate.

Proteger, educar bien a niños y adolescentes, es una de las mejores maneras de hacer Patria, de dar inicio al rescate de la Nación que, Dios mediante, comience pronto. Y en estas fechas de marchas, de colorido, de memorias cívicas, de cantar el Himno Nacional, debemos retomar los ideales que inspiraron a nuestros Próceres.