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Espían y luego difaman a opositores del régimen

Por no ser miembro del partido oficial o comunista, una persona se expone a que le hagan seguimiento, escuchen sus conversaciones, intervengan sus correos electrónicos, hurguen en sus cuentas bancarias

No están recopilando información sobre las bandas delincuenciales ni del tráfico de personas o de estupefacientes ni sobre las estructuras de las maras ni las del contrabando ni vigilan a los corruptos, pero sí se dedican a espiar a funcionarios, a otros mandos de la PNC y a empresarios, como determina una investigación que realiza la Fiscalía General.

"Hasta el momento", dijeron fuentes de la entidad, "unos veinte y cinco oficiales de la PNC han declarado como ofendidos, pues en el período comprendido entre junio de 2009 y noviembre de 2011, los relacionaron con grupos del crimen organizado y luego publicaron esa información en las redes sociales y hasta en periódicos digitales para desprestigiarlos.

"Además de estos oficiales policiales han sido citados a declarar conocidos empresarios, a quienes también vincularon con organizaciones de la delincuencia organizada …por no comulgar con su misma ideología", se informó en la Fiscalía y como se publicó en EL DIARIO DE HOY.

En otros términos, por no ser miembro del partido oficial o comunista, una persona se expone a que le hagan seguimiento, escuchen sus conversaciones, intervengan sus correos electrónicos, hurguen en sus cuentas bancarias, traten de averiguar con quienes se reúne. Al no encontrar nada impropio inventan delitos para atribuírselos en las redes sociales, a lo que se suma que acusan a todos los hombres no adeptos al régimen de ser homosexuales, y a todas las mujeres, de ser prostitutas.

En esos meneos debe ser frustrante para los espías rojos tener que aceptar que secuestradores, extorsionistas, homicidas, matavacas, incendiarios, saboteadores y narcotraficantes son fáciles de localizar pero que no se ha dado un solo caso en el que un hombre de negocios, un productor, un profesional destacado o dirigentes gremiales anden en tales inmundicias.

Con el espionaje interno

inician todas las dictaduras

La denuncia señala dos graves problemas para la colectividad. Lo primero, que ocuparse del crimen organizado, de la violencia y de la inseguridad, no es prioridad del gobierno. Que día a día maten a personas inocentes, o maten a alguien por no pagar "renta", no amerita que todos los recursos de los sistemas de inteligencia se aboquen a identificar y perseguir a quienes mueven esos grupos.

Lo segundo, de igual gravedad, es que el espionaje político es la antesala inmediata de la dictadura. Dice mucho que instalar micrófonos y cámaras en ministerios y oficinas públicas fue de lo primero que se hizo cuando el gabinete de la "meritocracia" (un término empleado con gran sarcasmo) tomó posesión de sus cargos.

No acababan de sentarse en sus escritorios los "meritócratas" cuando ya estaban desconocidos montando escuchas y cámaras para controlar lo que el personal hacía y decía.

Y el proceso continúa a medida de que un régimen va usurpando poderes y competencias, hasta que hermanos vigilan a hermanos, hijos a padres, vecinos a vecinos, como en Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, este último país el primer narcoestado del Hemisferio.

El espionaje es el primer paso hacia las mordazas y al encarcelamiento por largos años a los que "hablan de más", cuando no a desenlaces espantosos.

Hay una enorme cantidad de familias que quisieran que los asesinos de hijos, hermanos y padres fueran identificados, aprehendidos y castigados, pero para eso no hay los suficientes recursos aunque sobre dinero para espiar opositores.