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Equipos en mal estado y poca agua dificultaron apagar incendio

Hay pobre equipamiento porque las prioridades son las equivocadas, lo que esconden tras los programas del reparto de uniformes y semillas, lo que es imposible cuantificar y por tanto se prestan al engaño general

Da falta de agua, la pobre coordinación de quienes deben combatir siniestros, los anticuados e insuficientes equipos del Cuerpo de Bomberos, la tardía respuesta, quedaron en la mente de los salvadoreños como factores que incidieron en el incendio del centro comercial Las Cascadas del sábado 3 de enero; seis establecimientos fueron consumidos en cuatro horas aunque afortunadamente no hubo víctimas.

Como dijo el presidente Sánchez: "…no tenemos ningún reporte de ningún fallecido y queremos evitar que no vaya a haber ningún daño en vidas humanas, los daños materiales estamos evitando que se extiendan, pero no queremos que se dé ningún fallecimiento de ninguna vida humana…".

La falta de agua impidió que el incendio se controlara al comenzar y se convirtiera en uno de los más pavorosos y graves siniestros de los últimos años. Y hace falta agua por las erradas políticas que cargan sobre el sector, la poca inversión y la carencia de reservorios para almacenar aguas lluvias.

El problema de no tener un adecuado suministro de agua lo sufren casi todas las comunidades del país. Hay comunidades que llevan meses y meses de no recibir agua, aunque si les llega, en gran abundancia, del cielo sobre sus cabezas.

Pero nadie les ha enseñado, o les ha impulsado, a guardar parte de esas aguas, sea en cisternas caseras, en pozas montadas en los cauces de los ríos, en el mismo subsuelo a través de pequeñas barreras que facilitan que esos caudales lleguen a los mantos freáticos en vez de correr hacia el mar.

No se trata sólo de combatir incendios, sino de abastecer agua a hogares, plantas industriales, sembrados, jardines, escuelas, centros comerciales... el uso del agua es una parte vital de la vida civilizada y carecer de ella causa sufrimientos, incomodidades y malestar a vecindarios y familias.

En las antiguas civilizaciones que no disponían de sistemas de captación y distribución de agua (al contrario de Roma con sus canales y embalses, como antes en Creta a menor escala), las casas recogían el agua de los techos y la almacenaban en pilas abiertas o tanque sumergidos.

Y lo mismo hacen agricultores y hacendados en nuestro país, como la industria del cultivo de peces y camarón.

Regularmente publicamos en este Diario fotografías de grupos de personas con baldes, recipientes, tanquecitos sobre ruedas, etc., que los llenan en el chorro del pueblo, cuando éste funciona, o se ven obligados a abastecerse en ríos que cada vez están más secos por la falta de una inteligente política de aguas.

¿Y cuál sería una forma de ir resolviendo el problema?

Una manera sería incentivar a comunidades y particulares para que instalen reservorios o ayuden en reforestar áreas desérticas. En muchos países algunas empresas compensan perjuicios al medio ambiente comprando oxígeno, sea en la propia tierra, sea en el exterior. Y el oxígeno es uno de los "derivados" de la reforestación, de incrementar la disponibilidad de agua.

Las equivocadas prioridades

están llevando el país a la ruina

Pero volvamos al gran incendio: la falta de agua y el pobre equipamiento de los bomberos impidieron detener el fuego cuando este inició, según se vio por la televisión. A la vez, hay pobre equipamiento porque las prioridades son las equivocadas, lo que esconden tras los programas del reparto de uniformes y semillas, lo que es imposible cuantificar y por tanto se prestan al engaño general.

El engaño es una burla cruel a la creciente penuria que sufre El Salvador.