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Se ensañan para lograr un nombramiento

A Flores se le enjuicia sin pruebas mientras nada se hace respecto a Funes, que autorizó el pago de $108 millones a la constructora italiana a pesar de que dejó abandonados los trabajos de la represa El Chaparral, según denunció el exdiputado Mar

Un famoso cuadro del maestro Gerard David, en Brujas, retrata cuando al juez prevaricador Sisamnes le arrancan la piel por orden del rey Cambises, quien en tal forma quiso asegurarse de que en su reino la justicia se impartiera con imparcialidad.

Nadie pide que al juez que llevó el caso de Francisco Flores le arranquen el pellejo por las arbitrariedades y parcialidad que le atribuye la defensa, pero esto lo incapacita para desempeñarse como Fiscal General, cargo al que se ha postulado, pues la ciudadanía no puede quedar en manos de funcionarios que se ha señalado públicamente que actúan, no de acuerdo con la ley, sino acomodando su conveniencia política y la conveniencia de los comunistas en el poder.

Esto de jueces acusados de parcialidad se viene sufriendo desde que  Funes asumió la presidencia: se usa el sistema de justicia para perseguir a opositores (el caso de los enjuiciados por el contrato de ENEL fue el más visible), echar cortinas de humo sobre la corrupción y el desastre imperante, manipular jueces a través de nombramientos y exponer a personas inocentes a sufrir persecuciones legales vía fabricar testigos o armar pleitos.

A Flores se le enjuicia sin pruebas mientras nada se hace respecto a Funes, a quien el exdiputado Mario Valiente señala de autorizar y defender el pago de 108 millones de dólares a una constructora italiana a pesar de que dejó abandonados los trabajos de la represa El Chaparral.

Por la otra parte, el sistema rápidamente echa tierra sobre la corrupción de funcionarios, como las inexplicables fortunas de diputados, exdiputados y otros exfuncionarios.

Los abogados del expresidente Flores afirman que el juez de la causa “no fue imparcial en el proceso, porque ayudó a los acusadores a corregir sus errores en la presentación de los cargos y en su acreditación legal, sumó nuevos delitos y, por si fuera poco, denunció a los defensores ante la Corte Suprema de Justicia por criticarlo”.

La persecución contra Flores es una  vendetta por haber encarado a Fidel Castro en una reunión internacional en Panamá, un hecho que en Cuba lo habría llevado al paredón pero que es normal en las democracias: hacer reclamos, criticar y oponerse.
 

No hay ninguna noticia de entonces
sobre donativos taiwaneses

La acusación contra Flores, de haberse apropiado de fondos asignados a la reconstrucción tras los terremotos del 2001, es un viejo estribillo de Funes, que a los dos días del siniestro acusó al gobierno de estar robando la ayuda internacional destinada a las víctimas del terremoto, cuando en ese momento y tal como lo documentó este periódico entonces, no había llegado al país ni un bote de suero.

Funes no se atrevió en ese entonces a hablar de ayudas taiwanesas por diez millones puesto que de inmediato lo habrían desmentido. No hay una sola mención periodística de entonces por ese imaginario donativo.

Lo que hizo el entonces presidente Flores fue nombrar a un grupo de empresarios, expertos administradores, para manejar toda la ayuda que se recibiera, lo que hicieron en la forma más transparente posible. 

El gobierno se puso al margen y gracias a esa honestidad y al esfuerzo de la gente, en menos de dos años el país había superado la destrucción causada casi con sus propios recursos.

Los rojos buscaron otras formas para entorpecer la asistencia humanitaria, para lo cual metieron en el campamento activistas que robaban los alimentos y los materiales destinados a las víctimas del terremoto, para luego acusar al gobierno Flores de “no hacer nada”.