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Enjuiciarán y encarcelarán a los evasores fiscales

La corrupción es consecuencia de abolir los pesos y contrapesos institucionales, de controlar la judicatura, de manipular los entes fiscalizadores del Estado, de poner a la policía y los servicios de inteligencia a la orden de los corruptos

Encarcelar a evasores fiscales, cuando se demuestra el delito en un juicio penal en el que los acusados tengan la garantía de un proceso ajustado a la ley, contribuye a sanear el cuerpo social de lavadores de dinero, corruptos, contrabandistas, tratantes de blancas, narcotraficantes, ladrones y pandilleros entre otros.

Esta clase de delitos son perpetrados por grupos de malhechores, aunque también haya quienes,  inocentemente, tomen parte en esas operaciones, desde secretarias hasta transportistas, sin comprender lo que verdaderamente ocurre a su alrededor.

La pena de cárcel, se dijo al plantear una enmienda legal para subsanar vacíos en la ley, se aplicaría aunque el acusado acordara pagar al fisco lo que debe, ya que no se trata de devolver dinero bien habido, sino de que el fisco recupere caudales mal habidos, como al incautarse lo que se encuentra en un sitio en que se distribuye droga.

Existen, por así decirlo, evasores visibles, como los contrabandistas  capturados en una operación fronteriza, narcotraficantes que caen en un registro aeroportuario, individuos que mantienen bodegas llenas de botín... ni la autoridades ni el público vacilan en reconocerlos como tales y aprueban que sean procesados judicialmente.

Pero hay una clase de evasores que se mueve en la sombra aunque la gente los conozca, llegándose al punto que, al aparecer en un centro comercial o lugares concurridos, se les señala, les gritan “ladrón”, los insultan y terminan por alejarlos.

Son los corruptos que el país entero conoce pero que nada se hace para llevarlos a la justicia. Son los que mueven dinero en enormes cantidades, lo depositan en países como Brasil o Colombia, se valen de múltiples ardides para esconder ese botín, o simplemente lo tienen invertido en mansiones, grandes propiedades inmobiliarias, negocios adquiridos que son una manera de blanquear dinero negro...

Pero los meros meros corruptossaben cómo esconder su botín 

El caso de Guatemala es muy ilustrativo: la red de corruptos estaba colocada en muchas esferas del gobierno, lo que facilitaba movimientos y encubría a los involucrados. Y habría seguido así, corrompiendo más y más el cuerpo social, hasta que los medios noticiosos iniciaron investigaciones, publicaron las denuncias y se formó una comisión con vínculos internacionales, que fue escarbando hasta llegar al centro de la podredumbre.

Casi al final de su mandato, la vicepresidenta de Guatemala primero y más tarde el propio presidente fueron indiciados y ha dado inicio un proceso penal contra ellos y contra sus cómplices.

El caso de Guatemala, que para muchos es el inicio de una “primavera” centro-americana, movió a grupos cívicos hondureños a investigar personajes que “todo el mundo” califica como ladrones; el movimiento sigue, pasó la etapa de apagarse y se está a la expectativa de lo que pueda venir en el futuro inmediato.

Una variante de esa “primavera” está sucediendo en Panamá, que ha iniciado procesos contra el anterior presidente, Martinelli, a quien acusan de embolsarse un billón de dólares.

La corrupción, sentenció Lord Acton, es resultado del poder sin freno. Y cuando el poder es absoluto, la corrupción también es absoluta.
La corrupción es consecuencia de abolir los pesos y contrapesos institucionales, de controlar la judicatura, de manipular los entes fiscalizadores del Estado, de poner la policía y los servicios de inteligencia a la orden de los corruptos y no del país. Pero la gente se da cuenta...