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Eliminen programas inútiles y reconstruyan las escuelas

La buena escuela es un factor esencial para construir el futuro de los niños y jóvenes de hoy, quienes aprenderán mejor y serán más responsables si el entorno en que se educan refleja cuidado y sensatez

Lo mejor que se puede hacer con un error es rectificarlo, como la aprobación por parte de la Legislatura de $22.8 millones para el programa del "vaso de leche", que beneficia a un grupo muy seleccionado de ganaderos, y destinar esos fondos a la reconstrucción de escuelas y sus servicios sanitarios.

Hace unos días publicamos la noticia de dos escuelas que estaban siendo reparadas: una, con fondos de la agencia CARE y de la alcaldía de Izalco; la otra, en Moncagua, con un donativo del gobierno japonés.

En el primer caso, después de que colapsaran las fosas sépticas del centro escolar, varios alumnos fueron afectados por hepatitis A, una dolencia que en ciertos casos puede ser mortal y se propaga por aguas contaminadas de heces. Es claro que a esas escuelas no llegó el programa del "vaso de leche", una de las pocas e insensatas iniciativas del anterior régimen.

Como se manejan ahora las cosas se evidencia por el hecho de que, mientras a los talleres y personas que elaboran los zapatos y los uniformes se les paga tardíamente y con frecuencia no se les paga, ningún productor de leche, de los escogidos, está protestando por no recibir su dinero, pues para ellos sí lo hay.

A esto hay que sumar el gasto de producir la leche, envasarla, refrigerarla, transportarla a las escuelas escogidas, repartirla… cuando mucho más sano sería dar a los niños Incaparina o un preparado similar, o galletas que no necesitan refrigeración y que no contaminan.

Al final del día nadie sabe cuántos niños fueron "beneficiados", considerando que en esas edades hay infantes que rechazan la leche (el alimento por excelencia para terneritos pero no para seres humanos) ni cuál es el costo por vaso en estos tiempos de cuentas alegres y hermetismo informativo.

Se decretan $22.8 millones sin establecer procedimientos para licitar el suministro ni transparentar el proceso.

Dos modelos de negocio dispares, resultado de la aplicación del principio socialista de que todos somos iguales, pero "unos son más iguales que otros".

La buena escuela es esencial

para construir el futuro del niño

Si lo que se busca es beneficiar a los niños y contribuir a mejorar la enseñanza, lo procedente es acabar con ese programa del vaso de leche y dedicar los recursos a la reconstrucción de las escuelas, no estar dependiendo de donativos extranjeros que pueden resolver los problemas de unos pocos centros pero no el de las miles de escuelas que sufren de construcciones inadecuadas e inclusive ruinosas.

Si a los niños, a sus maestros y a las familias de una comunidad les preguntan, es seguro que, en su mayoría, dirán que prefieren escuelas en buenas condiciones que perduren en el tiempo, a programas demagógicos que nada perdurable dejan.

Un portón seguro para impedir que delincuentes irrumpan en las escuelas, sanitarios decentes, techos que no sean coladeras, paredes que no amenacen con venirse abajo al primer temblor de tierra, pupitres en buen estado para todos los estudiantes, seguridad perimetral, tanques de agua, son más importantes que uniformes que se entregan a destiempo y que, además, se les quedan debiendo a quienes los elaboran.

La buena escuela es un factor esencial para construir el futuro de los niños y jóvenes de hoy, quienes aprenderán mejor y serán más responsables si el entorno en que se educan refleja cuidado y sensatez.