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La economía aún tiene fuerza pero está muy mal administrada

La única salida posible es entenderse con el mundo del trabajo, con los productores de bienes, con las personas que saben administrar y estarían más que preparadas a echar el hombro.

Todos los partidos y el mismo oficialismo, pasadas las elecciones, tendrán que enfrentar los problemas causados por el mal manejo que se hace de los recursos hacendarios y financieros del país, que son suficientes para sostener al Estado pero por mala administración, por despilfarros en burocracia y por erradas prioridades, han generado una crisis y afectado negativamente servicios públicos esenciales, como la medicina, la seguridad, la educación y la infraestructura.

Y a eso hay que agregar el problema de la delincuencia, agravado por la carencia de políticas efectivas para proteger a la gente y a las comunidades de las depredaciones de los pandilleros y la sangría económica a familias y negocios por las extorsiones.

El Salvador no puede seguir contando con recursos provenientes de préstamos debido a los problemas que afrontan muchas naciones del Primer Mundo, ni menos con la antigua munificencia chavista.

En cierta forma el gobierno salvadoreño está pasando por la maldición de las personas que ganan millones de millones en una lotería, se embriagan con esas fortunas pero, al cabo de pocos años, quedan peor que antes.

La tarea esencial, en estos momentos, es ordenar las finanzas, recortar gastos, reducir la enorme burocracia parasitaria que se montó en estos últimos seis años y nombrar administradores profesionales y capaces para que reordenen las instituciones y logren eficiencia.

Nadie en su sano juicio quiere para El Salvador lo que está sucediendo en Venezuela, donde hay escasez crítica no sólo de comida y medicinas, sino hasta de artículos esenciales.

Si no hay entendimientos vamos directo al abismo

Por fortuna en nuestro país los fabricantes y quienes elaboran alimentos, equipos, insumos y artículos de primera necesidad, incluyendo medicamentos, se han sobrepuesto, reordenado sus empresas y negocios y continúan satisfaciendo las necesidades del público.

Hay, por desgracia, malas señales, una de ellas el acoso contra el comercio de granos; otra, la pretensión del MAG de imponer sus criterios sobre un sector económico tan complejo como el de la agricultura y la agroindustria, creyendo, en parte, que pequeñas siembras y campesinos están en la capacidad de abastecer a grandes mercados como los de nuestras principales ciudades.

Es importantísimo que el oficialismo reconozca determinadas realidades. La primera, que sin recortar gastos en forma drástica y reducir el enjambre de parásitos que medran a la sombra de la vaca estatal, llegará rápidamente el momento en que nadie en la burocracia va a recibir su salario a tiempo.

Bien lo dice el sindicalista Ricardo Soriano: van a recibir quedans o vales, pero nadie come con esos quedans, que tendrán que ser vendidos a una fracción de su valor a los vivos encajados en el movimiento.

Lo otro que debe reconocer el oficialismo es su colosal incapacidad para administrar dineros, actividades, instituciones, programas ni nada. Pues de saberlo no se tendría, como ejemplo, ese gran hoyo en El Chaparral, un puerto paralizado desde hace casi diez años y un aeropuerto que necesita reconstruirse.

La única salida posible es entenderse con el mundo del trabajo, con los productores de bienes, con las personas que saben administrar y estarían más que preparadas a echar el hombro.

Como se atribuye a Lincoln, no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo, aunque se usen los dineros del mundo del trabajo para seguir contando cuentos de hadas.