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Echan a otros la culpa de sus propias barbaridades

Lo que está sucediendo en El Salvador es que va a terminar el año en una virtual bancarrota debido a que el régimen no tiene la capacidad ni la voluntad de recortar gastos

Lo más fácil del mundo es echar la culpa de los efectos de las nefastas políticas económicas de un régimen a productores, comerciantes, especuladores, a los enemigos del régimen y a los malos espíritus, como hace el antiguo agitador sindical y exbusero Nicolás Maduro, que ha "endurecido" su discurso, ordenado recortes en los precios, alentado saqueos y encausado a comerciantes e importadores, pretendiendo con ello controlar la inflación.

¿Qué es "la inflación"? Es el deterioro paulatino o creciente del poder de compra de una moneda. Cuando hay altos niveles de inflación, lo que se pudo comprar al inicio de un período, digamos a principios del mes, cuesta más dinero al final. Y quienes más sufren son las personas de ingresos fijos, como los asalariados.

En adelante, según anunció el régimen venezolano, los precios de arrendamiento de locales estarán controlados y, en muchos casos, congelados; se fijarán precios de venta a la mayoría de productos, se harán permanentes inspecciones y se encausará penalmente a quienes violen las directrices del régimen.

Pero nada detiene a una inflación a menos que su causa, la expansión monetaria o lo que conocemos como impresión de billetes, se detenga. Para Maduro es más fácil acusar a sus opositores y a "la burguesía", que poner orden en las cuentas y prácticas estatales.

Es, por cierto, lo que está sucediendo en El Salvador, que va a terminar el año en una virtual bancarrota debido a que el régimen no tiene la capacidad ni la voluntad de recortar gastos y ordenar sus finanzas.

Por ahora hay una fiesta del consumismo en Venezuela: se obligó a bajar precios, lo que dio lugar de inmediato a masivas compras y hasta saqueos de toda clase de artículos, en especial de electrodomésticos. Pero el problema grave se presentará cuando se quieran importar nuevos electrodomésticos a precios inferiores a los costos.

A los controles se suman otros acompañamientos, sobre todo las regulaciones para obtener divisas. Pero será difícil para los importadores ingresar nuevas mercancías al país, cuando nadie les asegura que podrán resarcirse de sus gastos.

La alegría de hoy anticipa las carestías de mañana, más en un país donde en estos momentos es difícil abastecerse de alimentos y de artículos de uso diario como papel higiénico o toallas sanitarias.

Cuando los precios son irreales todo falta en los mercados

Los precios, se sabe desde la Antigüedad, son fuerzas irresistibles como las presiones de los glaciares o los movimientos tectónicos: cuando los precios no responden a la realidad de los costos y del suministro, los bienes desaparecen de los mercados.

Esta lección quedó demostrada en nuestro país con los controles de precios impuestos por los duartistas en los años de la gran demencia. El caso más emblemático fue el del aceite comestible: el régimen de entonces fijó los precios de venta pero el aceite no se conseguía por ninguna parte, a menos que se comprara en el mercado negro o mercado libre.

En aquel entonces se decía que los que traficaban con el aceite clandestino eran allegados al gobierno que "hicieron su agosto" gracias, precisamente, a los controles.

Venezuela tiene que importar gran parte de lo que consume, pues es un pobre productor de alimentos y artículos de uso de la población. Los controles no resuelven nada comenzando porque se imponen a los locales no a los vendedores extranjeros.