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Duran los edificios aquí de terremoto a terremoto

Las obras fallan porque nadie toma la responsabilidad sobre su solidez. Por eso en el terremoto de 1986 todos, sin excepción de pequeños rascacielos y edificaciones de San Salvador, hechos por un afamado arquitecto, se vinieron al suelo

Justo hoy 15 años después, muchos edificios en San Salvador y otras ciudades continúan en estado ruinoso desde los terremotos de 2001, con riesgo de venirse abajo en nuevos sismos y causar víctimas y otros daños.

Por regla general, los edificios públicos (hospitales, oficinas, escuelas y otros) “duran de sismo a sismo”, lapsos que usualmente son de veinte años. Y la causa son deficientes diseños, mal cálculo estructural, inadecuados estudios del subsuelo, fundaciones inapropiadas y mala ejecución de las obras, en parte por serios descuidos, en parte por no usar los materiales estipulados.

El diseño de la estructura específica, como ejemplo, varillas de acero de una pulgada, pero el constructor desvergonzado utiliza diámetros menores en partes de la obra, lo que puede calcular el colapso del conjunto.

La mala supervisión, o nula supervisión en muchos casos, causa fallas garrafales, como ponerle demasiada agua al concreto, o no curarlo, o no cuidar que las varillas estén a la debida distancia del encofrado, etcétera.

Y a ello se suma otra gracia: los que ejecutan el colado se descuidan, alguien deja caer una bolsa vacía de cemento en una columna, se cuela la columna y revienta en ese punto.

El gran suspenso es lo que sucederá con  el nuevo Hospital de Maternidad, que no fue siquiera estrenado y se habían detectaron fallas en la estructura, los ductos de agua, cielos, etcétera. Y cuando los reporteros de EL DIARIO DE HOY fueron a ver lo que sucedía por llamado de pacientes y personal, el entonces director no los dejó entrar.

Y no los dejó entrar porque bien sabía que los problemas allí estaban y podían comprobarse a simple vista.

Lo que se viene denunciando es que en el sofoco de “cumplir” una promesa electoral de Funes --una obra para la cual colocó la primera piedra con gran despliegue publicitario y así pasó casi todo su desgobierno hasta colocar la segunda-  el Hospital casi se ejecutó “a la diabla”.
Dios mediante nada grave suceda en el próximo sismo, pues son inescapables  los sismos en este Valle de las Hamacas.
 

Exigencias rimbombantes
y tristes realidades
  

Las obras fallan porque nadie toma responsabilidad sobre su solidez, la exacta ejecución, el debido uso de materiales. Fue por eso que en el terremoto de 1986 todos, todos sin excepción de los pequeños rascacielos y edificaciones de San Salvador, hechos por un afamado arquitecto, se vinieron al suelo. Y sólo quedó en pie uno, el edificio Rodríguez Porth, obra de un no tan conocido constructor, Federico Morales.

El resto, “¡pulungún!”.

Los edificios dañados en nuestras ciudades no siempre se pueden reparar sin que el costo de hacerlo casi equivalga a construir uno nuevo.

Y a ello se suma otro hecho: que esos edificios están ocupados por familias y personas, o vagabundos y delincuentes, que no tienen una alternativa donde ir. Son esas personas las que luego se refugian en campamentos improvisados.

Hay otro pelo en esta sopa: las exigencias estatales de cuidar “el centro histórico”, que obliga a construir conservando no sólo las fachadas como es requerido en ciudades como París o Florencia, sino que los interiores y además exigiendo el uso de los mismos materiales.

La exigencia, que parece un supremo cuidado cultural, es la causa de que la gente edifique con láminas, dando a la capital el aspecto destartalado que tiene...