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¿Dónde están los privilegios, de los productores exitosos?

A los rojos, en estos momentos, les ha caído oro del cielo venezolano y cuentan además con el privilegio de manipular leyes y regulaciones a su favor, como pretenden hacer con las tarifas aéreas

Los ricos, según vienen diciendo los rojos desde hace decenios, lo son gracias a privilegios que se otorgan a sí mismos o que reciben de gobiernos que ellos controlan. Y la leyenda se mantuvo hasta instalarse el actual régimen que, pese a sus esfuerzos para encontrar chivos expiatorios, gente o grupos favorecidos a dedo, nunca demostró la existencia de canonjías, tratos especiales o exenciones de cualquier clase.

No se ha dado el caso de que una familia de productores instale en puestos públicos a toda su cercana parentela, a la mujer, los hijos, yernos, primos, etcétera, como hacen los diputados comunistas que, inclusive, disfrazan de asesores a sus allegados, asesores sin nombre ni funciones conocidas pero que viven del erario.

Para establecer una empresa tampoco los productores piden que regulen a su competencia, sea a través de controles de precios, o con exigencias sin sentido, u otorgándose licencias para importar que no reciben otros.

Es lo sucedido con los límites a los intereses que se pueden cobrar por el uso de las tarjetas de crédito, restricción que, de tajo, dejó sin crédito a centenares de miles de personas y microempresas a las que ahora no les queda otra alternativa que recurrir a préstamos manipulados por los rojos.

¿Es que misteriosos, pero nunca definidos, privilegios son la clave, el secreto de la prosperidad de negocios y productores? De ser así, ¿cómo se dispensan y quiénes dispensan esos favores, pero al mismo tiempo sin dejar huellas, sin que nadie pueda identificarlos aunque cuente con todo el aparato estatal para llevarlo a cabo (incluida la policía y los servicios de inteligencia)?

¿En qué terminaron las murmuraciones sobre la evasión fiscal de grandes empresas y los supuestos defraudadores del Seguro Social?

No se encontraron porque no existen, ya que ninguna empresa que opera a la vista de todos, va a poner en riesgo su existencia violando la ley de manera permanente.

Pero, en efecto, sí hay fórmulas no tan secretas para el éxito, privilegios que hacen la diferencia entre el éxito y el fracaso.

El principal privilegio es nacer con "una poca" de inteligencia, nacer honesto, nacer esforzado, nacer con visión, nacer con muchas ganas de trabajar.

Y, también importante, es nacer con algo de suerte, estar en el lugar adecuado y en el momento propicio.

Pero eso no basta para alcanzar el éxito, como lo demuestra el hecho de que de cada diez empresas que inician andadura, sólo una o dos sobreviven el primer año.

Aunque les caiga oro de Venezuela, eso nada garantiza…

Iniciar en grande tampoco es garantía de nada; firmas que hace cincuenta años eran importantes, casi en control de sus mercados, desaparecieron para ser sustituidas por negocios entonces muy pequeños.

En algunos casos empresas establecidas no resistieron la muerte del fundador; en otros no lograron anticipar los cambios en tecnología y mercadeo para adaptarse a cambiantes condiciones.

Es regla de la vida, lo esencial de la evolución como lo exponen las teorías de Darwin, que quien no se adapta termina por perecer, como los dinosaurios terrestres, reemplazados por pequeños mamíferos, aunque ahora perduren como gallinas, ruiseñores y lagartijas.

A los rojos, en estos momentos, les ha caído oro del cielo venezolano y cuentan además con el privilegio de manipular leyes y regulaciones a su favor, como pretenden hacer con las tarifas aéreas.

La gran interrogante es si eso es suficiente para perpetuarse como productores de éxito…