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Dijo el presidente Hollande: “Inició la guerra, no hay retorno”

Es la guerra de bandas islámicas radicales en Afganistán, que trafican con heroína para sostenerse y lapidan a mujeres indefensas, como las guerras desatadas en África para imponer a sangre y fuego una creencia bárbara

El precandidato republicano a la presidencia, senador Ted Cruz, ya declaró que “estamos en guerra”, pero sin definir plenamente al adversario.
Cruz piensa en varios frentes: el terrorismo, los atentados sin sentido como el de San Bernardino, la balacera en Colorado Springs, que mató a un policía campeón de patinaje y muy querido en su comunidad, los recientes disturbios que enfrentaron a jóvenes negros provocadores con autoridades locales y todo el ramillete de tragedias que se han sufrido en los últimos años.

Y a ello se suma la interrogante que, en varias regiones, se hace en Estados Unidos: ¿deben acogerse refugiados sirios en el país y en los diferentes estados, indistintamente de la religión que profesen?

Aquí choca lo que fue la tradición histórica de América del Norte, una nación formada por inmigrantes y refugiados de Europa, principalmente, pero también de otros continentes como los chinos que construyeron las redes ferroviarias en el Oeste, y el rechazo que el país tiene hoy en día en contra de los ilegales, entre ellos niños salvadoreños que huyen para salvar sus vidas.

En Europa el escenario se definió con lo que dijo el presidente francés Hollande después de los atentados en París: estamos en guerra, habiendo un enemigo militante, enloquecido de fanatismo religioso, capaz de perpetrar las peores atrocidades con tal de alcanzar sus fines, que son la destrucción del mundo occidental.

O como lo expresa el politólogo chileno Fernando Mires, que vive en Berlín: “...el silencio ha sido roto. La palabra jamás pronunciada ha sido dicha. Ya no hay vuelta atrás. François Hollande ha violado el tabú pero también ha dicho lo que todo el mundo sabía: la lucha en contra del ISIS no es en contra de un terrorismo internacional abstracto.

“Francia ha declarado la guerra al ISIS, organización islamista supranacional que, a su vez, ya había declarado la guerra a Francia y a toda Europa...”.

Es, asimismo, la guerra de bandas islámicas radicales en Afganistán, que trafican con heroína para sostenerse y lapidan a mujeres indefensas, como las guerras desatadas en África para imponer a sangre y fuego una creencia bárbara.
 

De aquí no puedes pasar...
bueno, pero si pasas no haré nada

 

Y las primeras víctimas en esta conflagración son grupos humanos que profesan otras variantes del islamismo, al igual que las comunidades cristianas que, desde los tiempos bíblicos, han vivido en Siria e Iraq.

El enemigo no siempre tiene rostro. Los enloquecidos del ISIS atacan como ejércitos con tácticas y disciplinas, pero dentro de Europa o en muchos de los países del Medio Oriente, se esconden y disimulan como las guerrillas en Hispanoamérica en los Ochenta, cuando nadie sabía si los mecánicos del taller eran parte de una banda de secuestradores o el amigable vecino un homicida.

 Hasta el momento los Estados Unidos han sufrido pocos embates del islamismo radical, siendo el episodio de las Torres Gemelas el más grave, lo que cambió el curso de la historia contemporánea.

Pero no quedó la lección, como lo demuestran las vacilaciones de Obama respecto a Assad: de aquí no pasan y luego, bueno, si pasan no reaccionaremos.

Para sostenerse Assad no vaciló en arrasar con su país, causar centenares de miles de muertos, provocar un éxodo espantoso, amenazar a la civilización.

Como harían los chavistas si fuera necesario para seguir agarrados al poder.