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Dialóguese con el país con los pies en la tierra

Un gobierno tiene que hablar y escuchar, o cerrarse y quedar expuesto a que, cuando menos lo espere, la realidad le estalle en la cara, como le está sucediendo al régimen venezolano

El futuro gobierno, quien sea que lo forme, debe dialogar y concertar con la oposición, declaró la Conferencia Episcopal de El Salvador, y así llegar a "grandes acuerdos nacionales para sacar al país adelante".

La urgencia surge, además, del estado calamitoso en que se encuentra la economía, de la caída de todos los indicadores de producción, inversión y seguridad jurídica, de los enajenantes índices de violencia. La res-pública se entrega en muy mal estado de salud, pero miren en manos de quiénes ha estado…

El diálogo debe ser con aquellos que representan a la mitad de los que ejercieron el sufragio, así como tomar en cuenta a los que quedaron fuera por problemas para renovar su DUI. Eso es lógico y además lo normal en una democracia.

Una elección otorga poder pero no cheques en blanco para que los electos hagan lo que les venga en gana.

El entendimiento que pide la Conferencia Episcopal debe extenderse a la aritmética, a la sensatez, a lo moral y jurídico, a las grandes tradiciones libertarias de la Civilización.

Un nuevo gobierno debe reconocer la solvencia de los organismos internacionales cuando califican, analizan y advierten sobre peligros, riesgos y logros. Moody's no es una conjura del imperialismo contra El Salvador, como el hecho de que el gobierno esté desfinanciado, "en las lonas", no se debe al mal de ojo o a la maledicencia de críticos, sino a un manejo torpe de recursos.

Números son números y el desastre de CEL, la "Comisión Hidroeléctrica del Río Lempa", como la llama Funes, puede cuantificarse y, de allí, deducir responsabilidades en base a números y auditorías, como con el Puerto de La Unión.

Guste o no guste, dos más dos son siempre cuatro

Con humildad, el gobierno de antes, de hoy y lo que venga mañana, deben aceptar que dos más dos son cuatro, dejando la noción de que dos más dos, a veces, son cuatro pero que, en ocasiones, puede ser cuatro tres quintos. Y si el nuevo Hospital de Maternidad, el de la primera piedra hace cinco años, está estructuralmente en riesgo por las fundaciones que se colocaron, lo procedente es revisar los cálculos, no esperar a que en el próximo terremoto se venga abajo. Las obras de gobierno, las más de las veces, duran en buen estado mientras no haya un sismo.

Lo más lamentable es que ese diálogo que pide la Conferencia Episcopal no se haya dado antes, lo que es el proceder normal del ejercicio del poder. Y de nuevo: hay que partir del hecho de que nadie es dueño de la verdad, de que sabe más el loco de su casa que el cuerdo de la ajena (los productores están mejor informados sobre precios y abastecimientos que el gobierno) y que a nada constructivo se llega si uno habla sólo con los cofrades o escucha únicamente a los aduladores.

Un gobierno tiene que hablar y escuchar, o cerrarse y quedar expuesto a que, cuando menos lo espere, la realidad le estalle en la cara, como le está sucediendo al régimen venezolano. Aquí no hay petróleo y ya no podrá contarse con el venezolano; no hay más remedio que ponerse a trabajar de manera constructiva con los que cosechan y elaboran alimentos, fabrican lo que exportamos y pagan los impuestos que sostienen al Estado y los servicios.