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Al destrozar el cuerpo urbano se va aniquilando su alma

Fue para revitalizar lo cultural y cívico que el alcalde Quijano encargó a Paulina iniciar la recomposición de lo perdido, darle alma y cabeza a San Salvador, rescatar "la identidad y esencia de una sociedad..."

Al contemplar los destrozos que el Sitramss está causando al Gran San Salvador, la gente que piensa y trabaja debe esforzarse por salvar lo que se pueda y, eventualmente, reconstruir nuestra capital.

Las ciudades civilizan y civilizan en la medida en que sean centros culturales, urbes ordenadas y limpias, que atesoren monumentos y reliquias de su pasado, que en ellas se realicen eventos musicales, literarios, cívicos y religiosos en los que participen sus pobladores.

Sin ciudades no puede existir verdadera civilización, término derivado de "ciudad", aunque haya pueblos nómadas que, sin un asentamiento físico permanente, desarrollen sus propias instituciones y sus creaciones artísticas y literarias, como los escitas y los mongoles.

A Don Diego de Holguín, fundador de San Salvador, la primera ciudad organizada en esta tierra, le debemos haber sacado del primitivismo a los pobladores del mítico Cuscatlán, que vivían en forma precaria, andaban desnudos y guerreaban entre sí.

Pero San Salvador, al igual que en las principales ciudades de nuestro país, se ha debatido entre lo que construye y enaltece, y lo que aniquila, emporca, deteriora y envilece, a lo que se suman los terremotos y movimientos telúricos que, con el tiempo, van arrasando con todo.

Paulina de Hernández expuso hace pocos días los programas, actividades, esfuerzos diversos y obra realizada por el alcalde Quijano, quien en seis años pudo mejorar la limpieza de la ciudad, desalojar las principales calles de vendedores informales, recuperar algo del Centro Histórico y, en lo que a ella correspondió, fomentar lo cultural, artístico, cívico y humano.

Quijano recibió una ciudad enormemente endeudada, sucia, envilecida y saqueada.

Quijano recibió una ciudad oficialmente sin alma, sin intelecto, en la que la comuna no pasaba de cumplir mediocremente con sus funciones básicas además de llenar sus tragaderas como mantener miles de activistas rojos con dineros municipales.

Candidatos sin entendimiento,

culturalmente ciegos y sordos

Fue para revitalizar lo cultural y cívico que el alcalde Quijano encargó a Paulina iniciar la recomposición de lo perdido, darle alma y cabeza a San Salvador, rescatar "la identidad y esencia de una sociedad...".

Entre lo efectuado hasta la fecha, Paulina cuenta que "en el Complejo Artístico Cultural Bloom y el Teatro de Cámara Roque Dalton establecimos talleres para niños y adultos en manualidades, cerámica, serigrafía, teatro, dibujo y pintura. Creamos la Biblioteca Municipal Ambulante y desarrollamos talleres itinerantes de bisutería y piñatería en la Plaza Barrios. Realizamos infinidad de programas sobre arte e historia en Radio Mundo y Radio Clásica, y por Canal 8 transmitimos conciertos de talla mundial.

"A través de Promocultura, organizamos innumerables actividades para la familia salvadoreña, siempre gratuitas y para todo público. Festivales como el Gastronómico y Vende tu Arte son buenos ejemplos. Patrocinamos decenas de presentaciones de teatro, música, poesía y danza. Reavivamos nuestras plazas y las convertimos en escenarios para conciertos de marimba, ópera, rock alternativo, guitarra clásica y música sacra, andina y contemporánea...

"Cobraron celebridad nuestros "Buses de la Cultura", que recorren el Centro Histórico y la Ruta del Bicentenario, así como nuestro tour de "Necroturismo", que realizamos cada mes en el Cementerio de los Ilustres...".

No es posible promover lo cultural cuando se carece de cultura, de un entendimiento de las artes, de asistir a festivales de música, escuchar a los clásicos, leer, saber... es la gran carencia del partido rojo.