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El culto a la perversidad de los comunistas salvadoreños

La Moral no la inventaron las sociedades burguesas, pues antecede a la civilización, se descubre entre los primeros hombres, hay señales de principios entre primates y especies animales para poder sobrevivir

Dante colocó en lo más profundo del infierno, junto a Satanás, a los tres grandes traidores de la historia y la leyenda: a Casio, a Bruto y a Judas, los que los comunistas salvadoreños habrían  enaltecido, declarado hijos predilectos del país y héroes del Hemisferio, como lo hicieron con el grupo de espías liberados de las cárceles estadounidenses.

   El espionaje es una traición, un acto de perfidia, el engaño que se hace a instituciones y pueblos cuando individuos se presentan como amigos y personas correctas siendo dobles caras, maestros de la hipocresía, los que golpean por la espalda.

Es vergonzoso para un país que sus gobernantes carezcan de las más elementales nociones de moral, que hagan mofa de principios y tradiciones que son el sostén de la civilización, pues al exaltar a delincuentes juzgados y condenados aunque luego hayan sido amnistiados, socavan los fundamentos de la Democracia y de la decencia.

Al mismo tiempo que en Casa Presidencial se recibió a individuos que eran un peligro para el país donde fueron acogidos, se ordenó la retención  —lo que se denunció internacionalmente como un secuestro o “privación de libertad”— de un grupo de opositores a la dictadura castrista que de buena fe llegaron a nuestro país a participar en un foro organizado por el mismo gobierno.

Lo anterior evidencia, no una doble moral, sino una falta total de moral, la amoralidad que caracteriza a los despotismos.

Nadie puede estar seguro
de alianzas con los rojos
 

 El suceso debe alertar a los pobres salvadoreños que siguen creyendo en los comunistas, pues cuando se carece de principios y se carece absolutamente de ellos, nadie está seguro en sus vidas ni en su propiedad ni en nada de lo que hace, pues no hay ley ni regla que pueda sostenerse y respetarse, como con las pandillas que asuelan el país y día a día siembran el terror y el luto.

La amoralidad absoluta, medular, inconmovible ha caracterizado a todos los socialismos —nazis, fascistas, comunistas, peronistas— como es ahora lo que mueve al ISIS, al Boko Haram, a AlQaeda, que matan y destruyen sin piedad, o Hamás, que recibe como héroes a los que matan a niños, mujeres y otras personas indefensas. Hamás, el mismo con el que algunos comunistas salvadoreños se han identificado.

La moral, sostuvieron Marx y Lenín, es un invento burgués, algo que puede desconocerse o descartarse a conveniencia de “el movimiento”.
Los bolcheviques traicionaron a los socialistas de Kerensky para ser, a su vez,  traicionados por Stalin, que mandó a ejecutar a casi las tres cuartas partes de los cabecillas del partido comunista soviético.

Traicionar pueblos, aliados políticos, hermanos (como Casio, Bruto y Judas), militantes, a los que combatieron lado a lado en las trincheras, es lo de siempre.

Como señaló Manuel Hinds, voltearse contra sus mismos “hermanos en la lucha” o los que forman parte de una coalición, es lo usual; nadie puede estar seguro de nada con ellos, fuera de que carecen absolutamente de sensibilidad, como tan tardíamente lo aprendieron Roque y Mélida.

La Moral no la inventaron las sociedades burguesas, pues antecede a la civilización, se descubre entre los primeros hombres, hay señales de principios entre primates y especies animales para poder sobrevivir.