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Cuando los alimentos son un arma represiva

Racionar los alimentos es la gran arma tanto de los norcoreanos, como de los castristas. La gente se ve forzada a pasar horas en fila para obtener lo básico; es natural que en tales circunstancias son muy pocos los disidentes

En Rusia y por órdenes directas de Vladimir Putin, el zar rojo, miles de toneladas de alimentos procedentes de países occidentales están siendo incineradas, pese a que grandes sectores de la población padecen algún grado de hambre.


La destrucción es parte del pulso de Putin con varias naciones occidentales, sobre todo a partir de las represalias tomadas por Europa a causa de la invasión a Ucrania. Pero igualmente es una demostración de cómo alimentos y bienes occidentales entran ilegalmente a Rusia, un contrabando que demuestra que el país no puede abastecer todas las demandas de la población

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Aunque está muy lejos de lo sucedido durante las persecuciones de Stalin, cuando el Ejército Rojo cercó varios territorios --entre ellos precisamente Ucrania y Georgia-- para matar a la población de hambre, los efectos negativos se hacen sentir pese a haber transcurrido tres cuartas partes de un siglo; destruyen pero no logran detener la entrada de alimentos.

Hace pocos días murió el escritor Robert Conquest, que expuso al mundo tanto las persecuciones de Stalin contra sus mismos correligionarios como los apocalípticos efectos de la estatización de la tierra y las hambrunas resultantes.

Conquest hizo la estremecedora crónica de las purgas políticas ordenadas por Stalin, que dejaron un saldo de ochocientos mil miembros del Partido Comunista soviético asesinados y más de dos millones enviados a campos de concentración.

Aniquilar o dominar usando la comida como una arma letal es tan viejo como la historia. En el palacio de gobierno de Mantua hay una especie de jaula saliente en un piso superior, donde ponían a los condenados a morir de hambre implorando piedad, un suplicio similar al sufrido por el conde Ugolino y sus hijos y sobrinos en uno de los más horrendos pasajes de La Divina Comedia de Dante.

Y racionar los alimentos es la gran arma tanto de los norcoreanos, como de los castristas. La gente se ve forzada a pasar horas en fila para obtener lo básico; es natural que en tales circunstancias son muy pocos los disidentes, pues se les persigue cortándoles el suministro de granos básicos y frijoles.

Hambre, pero a causa de la economía “socialista” del chavismo, es el terrible azote de Venezuela; en Carabobo la semana pasada hubo saqueos contra los muy mal abastecidos almacenes estatales.
 

Escaseces de comida no existen
en los países capitalistas

 El presidente Sánchez debió haber hecho un recorrido de La Habana para ver, de primera mano, lo que son los expendios en Cuba para que no se termine así en El Salvador, más considerando las ocurrencias que son la “política agraria” efemelenista, como en su momento fue la cacería de “acaparadores”.

La Biblia relata la historia de José y los sueños del Faraón sobre las siete vacas gordas y las siete vacas flacas, tema que han tomado las gremiales de productores: mientras todavía se cuenta con una economía que hasta el momento funciona, es urgente que tanto el gobierno como los sectores de trabajo elaboren un esquema que evite un descalabro más adelante, un “más adelante” que está a la vuelta de la esquina acelerado por el fenómeno de El Niño.

Las hambrunas, falta de alimentos, racionamientos, colas de compradores que pasan horas a la espera... no es lo que se padece en países con economías libres, donde más bien el problema muchas veces es la sobreproducción.