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¿Cuál es mi pintor favorito? El que ahora estoy admirando

No hay artes superiores o artes inferiores aunque haya artistas de primer rango y otros de menor importancia, como hay épocas de florecimiento de países y regiones y tiempos de penurias

El Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid, es una de las más ricas e interesantes colecciones de arte de Europa y del mundo, tanto por lo expuesto en su muestra permanente como en las exposiciones temporales que presenta; en estos momentos hay retrospectivas de Cezanne y Regoyos.

Son estas las semanas de la devoción, de procesiones y santuarios, de "alfombras de colores", de imágenes y altares…

Son también semanas de turismo, visitar ciudades llenas de interés en Centro América, en el Caribe, en México y Sudamérica, en España y el resto de Europa.

En el Thyssen se "aprende a ver" como en pocos museos y galerías del mundo, tanto por la enorme diversidad de obras, períodos, escuelas y estilos expuestos, como por los contrastes entre lo que se atesora y lo que se exhibe de manera temporal.

Es una fortuna para el mundo que esa colección, legada por el Barón Thyssen a España, no haya quedado en el norte de Italia o en alguna metrópolis alemana lejos de las posibilidades de la mayoría de visitantes de Hispanoamérica y de la Europa romance.

No hay artes superiores o artes inferiores aunque haya artistas de primer rango y otros de menor importancia, como hay épocas de florecimiento de países y regiones y tiempos de penurias y escasa actividad artística y cultural, tal es el caso del Bajo Medioevo. En el Thyssen se pueden contemplar obras de grandes maestros del gótico, del barroco, del contemporáneo, de lo más relevante del arte occidental.

¿Cuál es nuestro artista o período favorito? Es el que en ese momento estamos viendo o recordando, ya se trate de un paisajista holandés como Ruisdael, o de un lienzo de Kandinsky, las vistas de Venecia de Canaletto o los dulces niños de Carlo Dolci. Y se nos vienen a la memoria los caballos de cerámica de la dinastía Tang, de China, y los bronces de las puertas de la catedral de Pisa.

Más allá del caserío, al otro lado de la colina, sigue el mundo…

Siempre hay algo nuevo por descubrir para el que busca. Y el Thyssen ha instalado, como seguramente las hay en muchos otros museos y escuelas, una pantalla donde el visitante mueve imágenes con los dedos y puede ampliarlas para ver detalles de diversas obras. Y no se sale de las maravillas de colorido y composición de un artista y una escuela, cuando se contemplan las visiones de otros.

Y eso, ahora en nuestros tiempos, lo puede hacer cualquiera en su casa con "YouTube" y la Internet: se pone el nombre del pintor o escultor y de inmediato se ven las imágenes e inclusive datos biográficos de los autores y análisis sobre sus obras.

El Thyssen, como cualquiera de los grandes museos del mundo, enseña al visitante que no sólo hay dulces madonas, sino también exquisitas tallas góticas en marfil o tazones Ming como el que se acaba de subastar por treinta y cinco millones de dólares. Y esos museos enseñan a los argentinos que el arte no se acaba en Buenos Aires y a los daneses que hay vida más allá de Copenhague.

El Thyssen está prácticamente frente al Prado y al borde del llamado Madrid de las letras, la parte vieja donde vivieron Cervantes y Quevedo, se casó Zorrilla e hizo otro tanto Bécquer, el de las oscuras golondrinas.

Y, por supuesto, hay muchos lugares de tapas y vinos, de moscatel y jerez, de cervezas y tortilla española…