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¿Cuál fue su mayor tesoro? La sabiduría ganada

El tesoro de El Salvador fue, durante décadas, la amable disposición de la gente, su espontánea cordialidad y la forma en que acogía al forastero, lo que llevó a incontables de ellos a arraigar en esta tierra. Y en ese espíritu, creemos, es que l

a figura y enseñanzas del beato Monseñor Romero deben contribuir, señala la Iglesia, a la reconciliación de sectores, grupos humanos, movimientos políticos, personas y comunidades.

Las sociedades desarrolladas, los pueblos que viven en paz, que progresan y en los cuales mucha de su gente es feliz lo logran porque respetan los principios no escritos pero evidentes de la convivencia, además de regirse por las leyes. Hay paz cuando funciona la democracia en lo político y nadie es despojado de sus bienes y sus prerrogativas si no es a través de un proceso imparcial.

Y en ese mundo vivimos la mayoría, sin odios hacia otros, actuando racionalmente, comportándonos con decencia, siendo civilizados.

Estas realidades ponen el balón en la cancha contraria: mientras se predique el odio de clases, se robe a unos de sus empleos y sus bienes para usufructuarlos, cuando se niega parlamentar por creerse dueños de la verdad, no habrá paz posible ni desarrollo ni menos reconciliación.

Nadie quiere la paz de los cementerios, recordando la frase de Kant, como tampoco quiere la inmovilidad de una tiranía absoluta como la de Corea del Norte, la Corea comunista.

Nadie quiere la paz de los campos de concentración ni la paz de las prisiones como en Cuba.

Lo que se anhela es la paz propia de los hombres libres y la paz de las sociedades cuya tranquilidad es fruto de lo sensato y honesto.

Nadie en su sano juicio está de acuerdo con la paz de la dictadura que se pretende imponer en El Salvador.

Fusades, un tanque de pensamiento de primer nivel en la región, señala que no hay claras (o confiables) directrices de parte del grupo en el poder actualmente que promuevan el trabajo y fomenten la inversión.

Para Fusades, no hay plan de nación.

Pero para muchos sí lo hay: la pretensión de los integrantes del Partido Comunista de hacerse con todo, de usufructuarlo todo, de ser ellos los dueños de vidas y patrimonios en este país.

Se pueden, lo sabemos todos, usurpar sectores de producción, pero en cuestión de meses sólo quedarán cascarones vacíos, como de hecho ya comenzó a suceder en algunos de los negocios en que los comunistas meten mano.

Se dice que cuando los persas amenazaron Mileto, hace dos mil quinientos años, hubo una evacuación de los pobladores, que fueron transportados en barco a Italia. Y cada uno podía llevar consigo la más valiosa de sus posesiones.

Thales, el filósofo, abordó la nave con sus manos vacías. Y al preguntarle el motivo respondió que sus conocimientos eran su tesoro.

La mayoría vive y progresa sin odios hacia nadie

El tesoro de El Salvador fue, durante décadas, la amable disposición de la gente, su espontánea cordialidad y la forma en que acogía al forastero, lo que llevó a incontables de ellos a arraigar en esta tierra.

Y en ese espíritu, creemos, es que la Iglesia pide la reconciliación: no se trata de que los lobos pasten con las ovejas, que las víctimas perdonen a los victimarios, que nos olvidemos de crímenes y ofensas, sino de construir una sociedad donde esas diferencias y conflictos rápidamente se desvanezcan, de que todos hagan el esfuerzo por vivir en paz.

Y que los rojos dejen de ver al país como su botín.

De no ser así, estaremos robando a nuestros hijos su futuro.