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¿Cuál es la fortuna de Putin y cuál la de los iberoamericanos?

Putin ha metido mano en los negocios más lucrativos, seguros y enormes de Rusia, especialmente en los consorcios del gas y de ciertas materias primas, de ferrocarriles y en la construcción

Alrededor de cien mil dólares anuales es el salario que devenga el zar de todas las Rusias, Vladimir Putin, a quien se le calcula una fortuna personal de entre diez y cuarenta y cinco billones de dólares, lo que buscan averiguar y precisar los servicios de inteligencia del mundo entero para poner presión sobre sus políticas agresivas.

¿Cómo es que un dictador, o un simple funcionario corrupto, puede amasar patrimonios de esa cuantía? Los Castro poseen, según cálculos de la revista Forbes, un billón de dólares, como los tuvo Perón y, se presume, también los actuales mandatarios socialistas de Hispanoamérica, comenzando, aunque pueden ser habladurías, por la Kirchner.

Constituirse en abanderado del pueblo puede ser, desde muchos puntos de vista, un gran negocio: el saqueador se presenta, al estilo de Chávez, otro billonario, como defensor de los pobres, como un hombre (o mujer) de gran sensiblería social, pero entretanto, gracias a esa venerable y antigua institución de los prestanombres, va formando su tesoro.

Putin ha metido mano en los negocios más lucrativos, seguros y enormes de Rusia, especialmente en los consorcios del gas y de ciertas materias primas, de ferrocarriles y en la construcción. Y sus compinches son la flor y nata del capitalismo salvaje ruso: Timchenko, Yuri Kovalchuk, Vladimir Yakumin, Boris Rotenberg… connotados manipuladores.

Y es tras estos figurones que las agencias estadounidenses se mueven para bloquear cuentas e ir tras la maraña de relaciones, ventas, compras de activos, transferencias, lavados, etcétera.

Si un vulgar exmandatario guatemalteco llenó su alcancía con cuarenta millones de dólares, aunque no se cubrió las espaldas y por eso está en prisión en Estados Unidos, no cuesta imaginar lo que otros, no sólo en Rusia sino que en los trópicos, se han levantado.

Era natural que a alguien de la talla de Vladimir un modesto salario de cien mil dólares anuales no iba a alcanzarle para representar con dignidad, a bombo y platillo, su alta condición política. Sólo las fiestas, las doncellas, los exquisitos licores, los viajes de uno a otro confín de su reino, consumen muchísimo dinero. Y a ello hay que agregar el reciente divorcio, pues la exseñora Putin también necesita sus centavos para vivir.

Para robar hay que formar

los entramados de corruptos

El saqueo de un país está sancionado por la costumbre; lo lamentable es que mientras son tantos los saqueadores, tanto el lavado, los servicios de inteligencia apenas toquen a unos cuantos, en este caso a la aristocracia chavista, a Putin y al pobre Portillo, que bien puede preguntar a sus captores, ¿por qué sólo a mi? Injusticia social de la peor especie.

El lado siniestro del asunto es que el endiosado Putin no sólo sueña con revivir las grandiosidades de la Corte Zarista, sino también las depredaciones y brutalidades de Stalin. Y la amenaza sobre Ucrania, una nación que se siente hermanada con Europa y la libertad, no con la Rusia corrupta, es una salvajada que atenta contra la paz mundial, como se ve, entre otros hechos, con la destrucción de Siria, pueblo al que Occidente ha abandonado.

Para robar se tiene que destruir el aparataje de fiscalización, de superintendencias, de controles sobre los entes públicos, lo que daña gravemente la institucionalidad y los intereses de un país. Nadie roba solo; necesita formar sus cuadros de corruptos para hacerlo.