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No crean en promesas; vayan al pasado del candidato

Tampoco se puede esperar que un partido y sus candidatos de pasado sangriento solucionen el problema de las pandillas en El Salvador, más cuando esas pandillas hacen hoy lo que ellos perpetraron antes

FUSADES urge que se investigue el uso de fondos públicos por todos los mandatarios, actuales y previos, para fortalecer la transparencia, evitar abusos y despejar el actual ambiente político, más en un momento en que "los políticos en general deben enfocar sus esfuerzos ante la población votante, en exponer sus principales apuestas de gobierno para que la ciudadanía pueda escoger la mejor propuesta".

Pero esto de que la ciudadanía escoja entre las apuestas de gobierno de los distintos partidos equivale a pedir a la gente que comulgue con ruedas de molino, que se deje embobar, que crea en el atol que le dispensan con el dedo.

En una campaña política siempre se ofrece, se promete, se pintan paraísos, se asegura que los seguidores de tal o cual partido vivirán mejor, realizarán una porción de sus sueños. Y como todos lo dicen aunque también expongan metas concretas, lo más seguro es siempre examinar el historial de los partidos y lo que han sido los candidatos.

En esta elección hay dos claras ofertas: las de candidatos comprometidos con la democracia, el desarrollo y las libertades individuales, y las de un par de candidatos que desde su juventud se involucraron con la violencia, el dogmatismo y las dictaduras.

O se vivió como personas decentes o se llenaron las manos de sangre.

En todo momento el candidato rojo no esconde su admiración por los más repudiables regímenes, desde el cubano hasta el venezolano, pasando por Evo y su narcoestado y Correa con sus excesos e imposición de su dictadura personal.

Nunca este señor ni el candidato a vicepresidente apuntan a las democracias establecidas, al desarrollo y prosperidad de países como Alemania, Chile y Corea del Sur.

Inclusive ignoran lo que sucede actualmente en los países de la Indochina como Vietnam y Laos, que están privatizando a gran velocidad sectores y empresas en vista del estrepitoso fracaso de la economía "socialista".

Para llegar al paraíso socialista toda atrocidad es válida

No se puede esperar de un partido y sus candidatos ---que coaccionan e insultan a grupos y medios de difusión que se les oponen, que les niegan publicidad y los calumnian--- de que llegados al poder sean todo tolerancia y transparencia, que se desvivan en el respeto a la libertad de expresión.

Tampoco se puede esperar que un partido y sus candidatos de pasado sangriento, solucionen el problema de las pandillas en El Salvador, más cuando esas pandillas hacen hoy lo que ellos perpetraron antes: extorsionar, secuestrar, asesinar, organizarse en células, adoptar alias, involucrarse con la narcoguerrilla colombiana.

Por ser partidos dogmáticos que rechazan toda verdad que difiera de la suya, los comunistas son ateos y rechazan y vilipendian la religión. "La religión es el opio del pueblo", sentenció Marx, sin caer en cuenta que el opio real son los paraísos que pinta el socialismo de la sociedad "sin clases". Y que para alcanzar ese estado de bienaventuranza, todos los excesos y crímenes son permitidos.

Los salvadoreños deben aprender que vanas promesas, una forma de estafa, pueden conducir a estados calamitosos. La demostración la dio el actual régimen con sus promesas electorales de "cambio seguro"; pero en lugar de prosperidad y armonía social, se cayó en el torpe manejo de la economía, en el saqueo de bienes públicos, en la pérdida de confianza de los inversores, de los que generan empleo.