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¿Corrupción en El Salvador? Aquí se tomaron todo el país

No se necesita una comisión que investigue malos manejos de dineros públicos pues todo el país sabe quiénes están involucrados en ello

En verdad no es comparable lo que sucede en Guatemala --enriquecimiento de funcionarios que en estos momentos están siendo investigados y algunos procesados-- con lo que ocurre en El Salvador, donde el país entero ha sido tomado como su finca por el Partido Comunista.

Para muchos habría sido preferible que funestos depravados cargaran con sus más de doscientos millones pero sólo ellos, a que la totalidad de las instituciones se coloque al servicio de la oligarquía comunista, para que disponga a su antojo sobre empleos, servicios, uso de presupuestos, objetivos estatales y todo lo que les venga en gana, inclusive llegando hasta montar su propio aeropuerto con dineros públicos además de su negocio de transporte urbano, el Sitramss.

Con el paso de los meses los rojos vienen tomando lo que normalmente, en países democráticos, es el ámbito de personas, entidades, de la economía libre, de vecindarios, asociaciones y quehaceres. Lo usual es que nadie pida permiso para hacer, actuar, moverse y expresarse, aunque responda cuando infringe la ley o coarta el derecho de otros.

No se necesita una comisión que investigue malos manejos de dineros públicos pues todo el país sabe quiénes están involucrados en ello.
Crecientemente el oficialismo está coartando las libertades de la población, imponiendo regulaciones antojadizas, coaccionando sectores  y metiéndose en la vida de la gente, la que ya está amenazada en muchos lugares del país por las pandillas criminales. Se va de ocurrencia en ocurrencia sin chance de rectificar si las cosas salen mal.

Inclusive esas imposiciones se extienden a lo que es la membresía y la masa de adeptos del comunismo, pues los cargos dentro del partido son vitalicios y nadie se atreve a disputarlos, sabiendo que de hacerlo su salud se pondría en grave riesgo, como le sucedió a Roque Dalton, a la Mélida y a Cayetano por estar en el camino de ambiciosos.

Se trata del “verticalismo democrático”, expresión que es contradictoria, pues le pega lo “democrático” a lo que es la dictadura de unos pocos individuos sobre el resto de sus militantes y no digamos el resto de la población.


Un minúsculo grupo que cree estar en posesión de la verdad

El grupo en la cúpula se reparte cargos (allí dónde no necesariamente les dan pero “dónde hay” oportunidades para hacerse millonario ahorrando salarios) y los otros van contentándose con lo que les asignan, que siempre es mucho más sustancioso que lo usual entre la gente que gana el pan con el sudor de su frente.

Se repite todo el tiempo el baile de las sillas: entre un pequeño grupo se turnan los puestos donde se quedan sentados hasta la ronda siguiente.
El desarrollo, lograr más fruto de una economía para que mejore la calidad de vida de los pobladores, es siempre resultado de múltiples ensayos, de aciertos y errores, de competir y salir adelante con proyectos, programas y negocios.

En esto es esencial admitir de que “son incontables los caminos que llevan a Roma”, los modos de alcanzar la prosperidad, lo que obliga a reconocer otra verdad: que nadie es dueño de la sabiduría suprema, nadie tiene la exclusiva de la pomada mágica, a nadie le dio Dios la varita para hacer los milagros.

El país ha caído en manos de fanáticos que rechazan todo consejo y razón.