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Corre en defensa de Maduro la corruptocracia brasilera

El Presidente de Argentina electo el domingo califica como grotesco el que Venezuela, caracterizada por la escasez, la violencia dictatorial y la supresión de libertades, sea parte de una asociación de países nominalmente democráticos

La corruptocracia brasilera es el principal impedimento para expulsar a Venezuela del Mercosur --la asociación formada por Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Venezuela-- por violar los principios y prácticas esenciales de un Estado democrático, desde encarcelar a opositores, basándose en pruebas falsas, hasta amordazar a los medios informativos.

La democracia es una estructura orgánica en la que si faltan partes,  el conjunto se derrumba. Nunca hay democracias que den de palos a opositores, expropien bienes sin compensar a sus dueños, manipulen votaciones o se valgan de subterfugios o interpretaciones antojadizas para amordazar a la opinión pública.

No existe un solo Estado democrático sin libre expresión, como es raro que haya dictaduras con periódicos libres, salvo casos excepcionales como el de Nicaragua, bajo Somoza.

Venezuela es, en tal sentido, un Estado en los estertores finales de sus libertades, donde hay votaciones con hartas denuncias de recuentos amañados y resultados falsificados, donde perdura la propiedad privada pero expuesta a regulaciones y robos, país en el que hay manifestaciones espontáneas pero sujetas a ser disueltas violentamente por los esbirros del régimen.

Lo que por lo general caracteriza a las democracias es la abundancia y la prosperidad, el que en los almacenes y tiendas haya una plétora de bienes y en el que los productores y comerciantes hagan permanentes esfuerzos para ganar el favor del público.

La gran falsedad que propagan los comunistas es que “la oligarquía” tiene interés en que haya pobres, “para tener mano de obra barata” y conservar “sus privilegios”.

Tal cosa lo desmiente un contundente hecho: las grandes empresas anuncian y hacen propaganda para conquistar compradores, suplir necesidades, afianzar sus marcas.

Y esa es una diferencia esencial: en las dictaduras la propaganda que predomina es la oficial, apuntada a sostener al régimen en el poder y maldecir a quienes se les oponen.
 

¿Cómo levantar a países arruinados?
Con la economía de mercado...
 

En los países libres hay poca propaganda de gobierno y muchísima de las entidades privadas, que ofrecen servicios, anuncian bajos precios, halagan con ofertas como ahora con el venidero “viernes negro” que es ya casi una moda en el Primero y Segundo mundos.

El Presidente de Argentina electo el domingo califica como grotesco el que Venezuela, caracterizada por la escasez, la violencia dictatorial y la supresión de libertades, sea parte de una asociación de países nominalmente democráticos.

Pero para expulsar a Venezuela se requiere la anuencia de todos los miembros, la que no se logra por la obstinada defensa que hacen del chavismo los que gobiernan en Brasil, encabezados por una comunista fanática quien, en su juventud, fue perseguida y encarcelada bajo cargos de terrorismo.

Y ese es uno de los retos que enfrenta el presidente electo Macri, además de desmantelar las estructuras ruinosas del kirchnerismo, que impiden la generación de empleo, han paralizado la inversión foránea en el país, enriquecieron a los grupos de corruptos alrededor del poder y hacen tambalear constantemente el peso en los mercados monetarios.

Argentina, capaz de alimentar a la población mundial, con reservas de todo y que antes de la llegada de Perón al poder se contaba entre las diez principales potencias económicas, está transformada en una nación del Segundo Mundo, con bolsones de pobreza y paralización económica.

Macri conoce la fórmula del crecimiento, la libertad económica que ha operado milagros en la historia reciente.