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Convierten en estacionamientos lo que fue patrimonio humano

Los atentados del ISIS, que consideran un blasón de orgullo matar gente indefensa, decapitar a rehenes, quemar vivos a pilotos y ametrallar a personas que atienden una sala de teatro, son el peor síntoma y una señal de la guerra del Islam radical

En lugares donde se levantaron monumentos históricos y artísticos de primer rango, luego destruidos por las bandas demenciales del ISIS, hay ahora estacionamientos de vehículos, una clara advertencia a la civilización: ninguna razón, ningún argumento, ninguna piedad protege las ciudades, pueblos y patrimonios ante la embestida del más extremo fanatismo que se ha dado en los últimos siglos.
 
La oleada de atentados perpetrada en Turquía, en Francia, en Indonesia, en Estados Unidos es la peor señal, como lo son los sepulcros que las fuerzas iraquíes han descubierto en ciudades reconquistadas: cientos y cientos de cadáveres de niños, ancianos, jóvenes, mujeres, soldados han ido apareciendo, todos ejecutados a sangre fría.

A ello se suman los atentados que llevan a cabo kamikazes humanos, como el que se estalló en la parte antigua de Estambul, donde están los principales monumentos de la ciudad como Santa Sofía, la Gran Cisterna y la Mezquita Azul: ocho turistas alemanes y otras dos personas murieron.

Y esas muertes golpean enormemente al sector turístico de Turquía, pues más y más los potenciales visitantes van a preferir otros destinos y no exponerse yendo a regiones que forman parte del mundo islámico.

Miren además lo que pasó el fin de semana en Burkina Faso, en África Occidental, donde 28 personas murieron y otras 50 resultaron heridas cuando un grupo terrorista de Al Qaeda hizo estallar un coche bomba, ocupó a fuego metralla un hotel y un restaurante y tomó como rehenes a sus huéspedes, comensales y personal.

 Se sabe que entre los muertos hay  seis canadienses, una familia de cuatro ucranianos, un holandés, un suizo y un estadounidense, entre otros.

En la vecina Malí, otro hotel fue atacado por terroristas, que causaron la muerte de 19 personas, el pasado noviembre.

Dios mediante, sea superadala oleada de demencia feroz
 
 Los atentados del ISIS, que consideran un blasón de orgullo matar gente indefensa, decapitar a rehenes, quemar vivos a pilotos y ametrallar a personas que atienden una sala de teatro, son el peor síntoma y una señal de la guerra del Islam radical contra la civilización.

Y si hay muertos occidentales por cientos de cientos, más son las víctimas de sectas islámicas, como las causadas en Pakistán cuando una mujer se estalla en la mezquita del lugar o al explotar un coche bomba frente a un centro de comercio. Y a ello se agregan los diarios ataques de militantes de Hamas contra Israel, como las incursiones de Boko Haram en Somalia.

En Europa, como en Estados Unidos, representantes y voceros de comunidades islámicas allí asentadas han repudiado esa violencia y dado muestras de solidarizarse con las víctimas. Eso fue particularmente significativo y conmovedor en París: nadie que no esté loco puede apoyar las carnicerías ni el asesinado de personas inocentes y sobre todo niños.

El ISIS está en guerra contra el mundo y el mundo contra el ISIS, contra la barbarie, contra el fanatismo. En Alemania hay una hola de rechazo contra las corrientes fanáticas de musulmanes asentados en ese país y contra muchos supuestos refugiados que operan como una quinta columna y atacaron a mujeres indefensas en Colonia.
Dios mediante, esta marejada del horror se supere.