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Se conoce bien el problema, pese a lo cual sigue lo mismo

Los fondos acumulados por los trabajadores son vistos por los políticos como fondos "generales", fondos sin dueño a los que pueden caerles encima para sostener más burocracia

Un experto chileno en el tema previsional –ocuparse de las pensiones de trabajadores y empleados– sugirió que, además de invertir en valores y títulos locales, también se invierta en el exterior, lo que aquí se prohibe con alegatos de que esas inversiones "son riesgosas".

El señor Rodrigo Acuña pasa a señalar las ventajas que se derivan de invertir en valores rentables, ya que con ello se genera empleo y, además, se beneficia a los pensionados. Pero al respecto hay un pequeño problema…

Todo lo que el señor Acuña aconseja lo saben tanto las administradoras de pensiones, las AFP, como un porcentaje de los trabajadores y las autoridades de Hacienda. El problema no está en falta de información, sino en el hecho de que los fondos acumulados por los trabajadores son vistos por los políticos como fondos "generales", fondos sin dueño a los que pueden caerles encima para sostener más burocracia, cubrir faltantes presupuestarios o costear suntuosos viajes al exterior.

Durante la presidencia de Saca, hubo la intención de pasar los fondos a Hacienda, a la canasta común, para disponer de ellos como si fueran ingresos fiscales, no ahorros con dueño. Y fue sólo por una intensa campaña que se logró detener ese intento de saqueo, aunque una parte de los fondos se destina a comprar valores basura que pagan apenas un uno por ciento de rentabilidad, la quinta o sexta parte de las tasas que prevalecen en el mercado.

Las pensiones cuentan pero también

el ambiente donde se vive

La pensión en sí, lo que recibe el jubilado, es, empero, sólo una parte de la historia.

La otra parte, en cierta forma tan importante como la primera, es dónde le tocará vivir al pensionado, si tendrá acceso a buenos servicios públicos, si podrá ser atendido en sus problemas de salud, si estará a salvo de asaltos o despojos.

Y esa parte, para muchos de nuestros viejos, es muy problemática. Hace poco se informó de una comunidad, la "Raúl Rivas Vásquez", en Mejicanos, donde los dueños de casas fueron forzados a abandonarlas por presión de las bandas delincuenciales, sin que nadie les proteja o que las autoridades lleguen a recuperar esas viviendas y a procesar a los usurpadores.

En este país se tiene que recurrir a un largo proceso para recuperar terrenos o viviendas cuyas escrituras son falsificadas simulando ventas.

Mucha gente de trabajo, incluyendo la del sector informal, ahorra durante su vida para adquirir una vivienda, su patrimonio más importante. Lo es en Noruega como en Corea del Sur y lo es en El Salvador. Y el anhelo de contar con vivienda propia dio lugar a una de las promesas de campaña del actual régimen, la que no se cumplió, con el agravante que señalamos: no hicieron viviendas y se deja que las pandillas usurpen muchas de las existentes.

Pero a causa del deterioro de la seguridad, de las extorsiones, de servicios públicos deficientes, a muchas personas y parejas de la tercera edad les toca pasar angustias, sufrir atropellos, estar expuestos a que los victimicen.

La posesión de viviendas es precaria, los servicios públicos deficientes, a los hospitales les faltan medicinas para curar o prevenir los males de la tercera edad, y a las familias les cuesta cada día más encontrar empleo para cuidarse como un núcleo. Son las facetas diabólicas de las jubilaciones.