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Con nombres rimbombantes siguen endeudando al país

Sería del caso que los partidos de oposición, con Malena a la cabeza, vayan tras el historial de los préstamos enumerando los pomposos fines para los cuales se recibió dinero del exterior y en qué han terminado

on "nombres rimbombantes", como los califica la diputada de Escalón, el Ejecutivo quiere endeudar más al país, pese a ser el más endeudado en Centro-America y el Caribe, una carga prácticamente impagable que nos condenaría a la pobreza por varias generaciones.

En esta, o en previas ocasiones, sobran los argumentos: fortalecer la formación de jóvenes, apoyar a la pequeña empresa, renovar fuentes de agua, dar seguridad a pequeñas poblaciones... Todo muy lírico, tierno, que despierta compasión, que cualquiera anhela pero que, a la postre, termina en lo mismo: pasar esos recursos al Ejecutivo para el sostenimiento de la nueva clase de incapaces que vive a costillas de la gente.

Esa situación la conocen muy bien los prestamistas, se trate del BID, del Banco Mundial, gobiernos extranjeros, banca privada que, o buscan la ruina permanente de El Salvador o no conocen que el oficio de banquero es evaluar las condiciones económicas de cada solicitante para saber si está en condiciones de tomar ese compromiso.

Con amigos como esos, los prestamistas, El Salvador no necesita enemigos.

Sería del caso que los partidos de oposición, con Malena a la cabeza, vayan tras el historial de los préstamos enumerando los pomposos fines para los cuales se recibió dinero del exterior y en qué han terminado entre ellos lo recibido para el desastre del SITRAMSS, lo del Puerto de La Unión o las ampliaciones para el aeropuerto internacional, pasando por Nuevo Mejicanos.

Los dos previos regímenes y el actual, han sido en extremo eficaces para oficializar deuda y privatizar una sabrosa parte de los dineros que se reciben. Y siempre, como lo dice la diputada, se arropan en la bandera de "el pueblo" para justificar los préstamos. El "pueblo" al que se debe educar, proteger, curar, orientar y también indoctrinar para convertirlo en la vanguardia revolucionaria.

Vayan y pregunten a los prestamistas por qué le siguen echando sal al mar

La celeridad con que se presentó el nuevo plan de préstamos indica que el asunto estaba cocinado desde hacía rato, como deben haber más programas de préstamos por los próximos cincuenta años, una especie de guardarropa de disfraces con que van a mendigar a la entrada de los templos de los prestamistas: hoy de fomentadores de artesanías, luego de ingenieros encargados de mejorar los caminos rurales, más adelante como médicos que combaten el chikunguña y, de paso, como "sobadores y parcheros sin fronteras" para solucionar en cuestión de semanas eso del ébola en África.

Pretextos abundan...

La diputada de Escalón debe reunir a un grupo legislativo que vaya, no al recinto y a las comisiones, sino a las oficinas de los prestamistas a averiguar qué les mueve a seguir financiando a un régimen que no da señales de enderezar sus torcidos meneos o siquiera de terminar la mayoría de programas que inicia y que luego deja tirados, como las doscientas cincuenta mil viviendas que salieron muy caras y que, seguramente, van a ser adjudicadas al lumpen oficialista.

¿Qué les lleva, señores prestamistas, a seguir metiendo dinero en los bolsillos de derrochadores incurables, de gente que, como triste ejemplo, en un año se cargaron la Lotería de Beneficencia y que son buenos para bautizar aeropuertos pero no para actualizarlos...?

Es ya parte del circo local que cada quincena hay un nuevo plan de desvalijamiento impositivo y otro para más préstamos...