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Como al Padrino del filme, enterraron a don Vittorio

Tal despliegue de dinero y desacato tenía que levantar protestas, a las que respondieron los concejales romanos que no había disposiciones que prohibieran semejante cortejo

Los extremos de la cursilería —un mal gusto pomposo rayano en lo ridículo— se exhibieron, escribe el periódico francés Le Monde, en el entierro que un jefe mafioso italiano que, antes de marcharse a los infiernos, con todo optimismo declaró “haber conquistado Roma en vida y el paraíso en la muerte”.

Vittorio Casamónica pasó buena parte de su vida enjuiciado pero sin que se le probara nada. Y llegado el momento de enterrarlo fue conducido a la iglesia del santo Don Bosco en una carroza negra, con incrustaciones del puente de San Ángel, de la Basílica de San Pedro y el Coliseo.

Y tal despliegue de dinero y desacato tenía que levantar protestas, a las que respondieron los concejales romanos que no había disposiciones que prohibieran semejante cortejo —seis caballos negros tiraban de la carroza— ni los lamentos y gritería de los acompañantes que, en un momento, escucharon la voz del difunto cantando, “My Way”, escrita por Paul Anka y llevada al éxito por Frank Sinatra.

Coincidiendo con la canción, dice Le Monde, un helicóptero sobrevoló el lugar y dejó caer una lluvia de pétalos de rosas, superando al padrino de la mafia neoyorquina.

 Vittorio Casamónica era un diestro en el arte de las extorsiones, perpetrar fraudes y traficar con drogas, operando en el sur de Roma. Y, valiéndose de gente infiltrada en el gobierno municipal de Roma —se calcula que casi setenta sujetos obedecían sus consignas— es que pudo evadir la justicia, escándalo que ahora sale a luz y que ha motivado al ministro de Interior de Italia Angelino Alfano y al alcalde de Roma, Ignazio Marino, iniciar una investigación y pedirle explicaciones al Prefecto de la ciudad.

Y todo el asunto sorprenderá a muchísimos que, ingenuamente, piensan que en Italia hay sólo una mafia, la Siciliana, cuando se trata de un archipiélago de bandas y subbandas, incluyendo la Camorra napolitana y, la más poderosa de ellas, la ‘Ndrangheta calabresa, que se dice es dueña de bancos y grandes negocios en toda Europa, incluyendo la recolección de basura en Colonia.

Los talibanes y la heroína; las FARC y los chavistas

Los franceses se fijan en la ostentación de riqueza como una señal de evasiones fiscales, de lavado de dinero, de actividades delictivas, de contrabando... criterios que igual podrían aplicarse en Italia y que escapan a la atención de los entes policiales de Nueva York, en cuyos barrios los micromafiosos se distinguen por sus adornos y cadenas de oro, relojes cuajados de diamantes y un extravagante y atroz gusto en la vestimenta.

Un mafioso de estas tierras fue capturado después que atracó su gran yate en una de las marinas locales, despertando de inmediato la pregunta: ¿quién es, de dónde salió y cómo pudo comprar la embarcación?

¿Cómo es que don Vittorio conseguía la droga que luego a través de redes de “piccolos” traficantes embrutecían a esos romanos de la periferia?

Son muchas las rutas de los estupefacientes, desde la heroína que mueven los talibanes de Afganistán a Europa, hasta la cocaína que las FARC pasan a Venezuela desde donde, con la ayuda del chavismo, se dice que la transportan a África y de allí a Nápoles, Marsella y otros puertos, lo que es parte del horror que sufre la humanidad y que amenaza a todos, hasta aquellos que se creen invulnerables al vicio y la depravación.