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En el circo de la Cumbre salió perdiendo el chavismo

Es más importante para la presidencia de este país alinearse con un despotismo que se derrumba, que buscar mejores entendimientos y más ventajas con nuestro principal socio económico y político

Hay que solventar, aseguran algunos, las diferencias que durante medio siglo separaron a Estados Unidos de Cuba, diferencias que son esencialmente las mismas que hubo entre Inglaterra y la Alemania de Hitler, entre Occidente y los soviéticos, entre la Corea de Kim Il Sung y Corea del Sur. Las declaraciones sorprenden tras el apretón de manos, manos de un presidente demócrata y manos manchadas de la sangre de un cuarto de millón de víctimas del terrorismo castrista.

La Cumbre brilló por la mediocridad de las declaraciones, la mediocridad de la mayoría de los personajes asistentes, por la manera en que muchos de los figurones se burlaban de los Estados Unidos, así como destacaron los presidentes de Perú, de Costa Rica, de Guatemala, de México que fueron un balance al circo montado por los dictadores.

El presidente salvadoreño desperdició la oportunidad para hacer un llamado a la concordia, al desarrollo y a la unidad de nuestros pueblos frente a las amenazas y retos comunes para, en cambio, solidarizarse con dos dictaduras.

A la postre los burladores resultaron burlados: los Estados Unidos no rectificó su condena al despotismo venezolano, dejando a El Salvador emproblemado con sus pedidos de más ayuda.

O, poniéndolo en otra manera, es más importante para la presidencia de este país alinearse con un despotismo que se derrumba, que buscar mejores entendimientos y más ventajas con nuestro principal socio económico y político, un costo que recae sobre el universo de los salvadoreños.

A lo que se agrega otro hecho grave: la negativa a reconocer errores, a aceptar que se han equivocado, a rectificar, a sostener contra todas las evidencias, vídeos, testimonios, datos, cifras de calificadoras de rango mundial, como a lo que declaran autoridades de reconocida categoría sobre el descalabro que sufre Venezuela.

La casa está apolillada

aunque digan que es un palacio

Que falte de todo en el país, en especial alimentos básicos, según la izquierda, no es resultado de sus catastróficas (por no decir demenciales) políticas económicas, sino de conjuras del imperialismo. Y de ser consecuente con tales posturas, se tendría que dar validez a la noción de que si faltan pollos no es tanto debido al derrumbe de la avicultura, cuanto a que los malos venezolanos están acaparando en gigantescos frigoríficos toda la carne de pollo y los huevos que se producen.

A ello se suma otra escalofriante conclusión: que cuando comiencen a agudizarse los efectos de las malas políticas económicas que vienen implantándose desde hace más de diez años, especialmente a partir de la funesta presidencia previa, no puede esperarse un cambio de rumbo, sino represión a las protestas de la gente, precisamente, como en Venezuela.

Y una prueba de ello es continuar con lo del Sitramss, el monopolio privado que usurpa vías públicas en descomunal perjuicio del Gran San Salvador, de su centro histórico y de la economía nacional.

Si al grupo político en el poder le conviene algo lo impone, aunque cause serios daños a la población. La casa está apolillada y en ruinas, pero es el libro sagrado el que le da la apariencia de palacio esplendoroso...

Lloramos por Venezuela, por su buena gente, por su otrora desbordante prosperidad, por las históricas luchas de sus próceres por la libertad, héroes continentales manoseados durante tres lustros por la ralea que es el chavismo.