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Canadá con “el cambio” expuesto a todo peligro

La amenaza del radicalismo musulmán, que ha destrozado a Siria y ha desencadenado el horror en esa vasta zona del mundo, puede poner en riesgo a Europa y, por consiguiente, también a Canadá     

¿Hay un compromiso de los países del Primer Mundo de defender la civilización cuando está gravemente amenazada como sucede en el Medio Oriente?

Sin haber asumido el poder, el futuro Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, anunció que iba a retirar las tropas que el país envió a Siria a combatir al ISIS, esto después de que Estados Unidos declarara que mantendría contingentes en Afganistán, revirtiendo lo ofrecido por Obama al asumir la presidencia.
     
Es muy fácil dar un adiós a las armas, como los españoles al retirarse de Iraq hace unos años. Pero ese retiro equivale a poner sobre hombros ajenos la tarea de defendernos, además de que una mala mañana pueden los españoles, o los canadienses, descubrir que el enemigo está dentro y la guerra, en vez de librarse en otras tierras, se pelea en el propio suelo.

Igual con la violencia pandillera y el narcotráfico: o se unen los países para erradicar las bandas criminales o, eventualmente, las tendrán en sus propios territorios, lo que ya está sucediendo en el suroeste de los Estados Unidos.

Trudeau actúa como dijo Churchill del hombre que alimentaba un cocodrilo, con la esperanza de ser devorado por último.

Trudeau echó mano del consabido eslogan de “el cambio”, como si un cambio fuera,  necesariamente, para mejorar no para hundirse como sucedió a los salvadoreños en el 2009. Y en las fotos de la noche de la victoria puede verse la clase de coalición que le llevó al poder: gente variopinta, algunos con gorrito y camisón, otros de largas barbas y todos con el aspecto de los que quieren más pero trabajando menos o sin trabajar.

Se replantea la luchaentre civilización y barbarie 


Canadá es un territorio privilegiado, desarrollado, con enormes riquezas, con dos culturas conviviendo una al lado de la otra, la francesa y la sajona, con instituciones muy sólidas y con un intercambio económico con Estados Unidos sin fisuras.

También tiene Canadá la ventaja de contar con un partido de oposición, los conservadores, muy capaces y muy comprometidos en que el país no tome cursos ruinosos, como está sucediendo en Estados Unidos, bajo Obama.

A esto se suma otro hecho: la economía de Canadá está medularmente entrelazada con Europa, con los Tigres del Asia y, en una medida, con Hispanoamérica para abastecerse de materias primas.

Por lo mismo, la amenaza del radicalismo musulmán, que ha destrozado a Siria y ha desencadenado el horror en esa vasta zona del mundo, puede poner en riesgo a Europa y, por consiguiente, también a Canadá.

La intervención de Canadá en Siria para combatir al ISIS es vitalmente importante para proteger a Europa de invasiones masivas de gente incapaz de integrarse a la vida civilizada pero muy capaz de llegar a destruir. Y a ello se agregan las presiones de Turquía para entrar a la Comunidad Europea.

En algún momento la retirada militar tiene que replantearse.

Ya Canadá sufrió de terrorismo a manos de grupos que pretendían independizar la región francesa desquiciados, como lo están los separatistas catalanes y los del IRA de Irlanda.

Y todos esos movimientos están unidos en una internacional del terror que incluye desde Hamas en Palestina, Evo en Bolivia y los sandinistas, hasta la narcoguerrilla colombiana.  
 
La lucha entre la barbarie y la civilización se replantea...