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No buscan el poder total, pero sí control legislativo total

En lugar de marchar hacia el futuro estamos volviendo al pasado de los despotismos, al de los regímenes autoritarios terriblemente crueles y empobrecedores

Que "no quieren el poder total" pero que se esfuerzan para lograr una mayoría legislativa que apruebe las iniciativas del Ejecutivo, declaró el coordinador del partido rojo, fijando metas que contradicen los reiterados llamados al "diálogo" y la "convicción democrática" del partido. La meta es válida pero sin fraudes electorales.

Con esa mayoría los madrugones se volverían innecesarios: las grandes propuestas podrían, de manera descansada, ser aprobadas sin discusión, temprano por la mañana, para que el cuerpo de diputados en pleno disfrute en holganza el resto de la jornada o dejar para un día al mes, o cada seis meses, salir de todo lo que se le ocurre al partido y a quienes lo capitanean.

¿Pero, qué papel resta para el examen racional de las leyes, para que la opinión pública conozca los pro y los contra de un asunto, para lograr entendimientos con la oposición, para mantener el espejismo de que hay una democracia representativa, para asegurar que no se caerá en una dictadura que sería peor que la de Martínez hace ochenta años?

¿Qué de positivo sucederá a un país que está quedando sin los pesos y contrapesos institucionales, esenciales para defender la vida en democracia?

Los rojos pueden, en un momento dado, aparentar que toman en cuenta los criterios y observaciones de otros, pero lo hacen más siguiendo una inveterada táctica, que por convicción de que los no iniciados tengan razón en algo. Su postura, como la de cualquier fundamentalismo, es la de estar en posesión de la verdad, de no requerir consejos ni reparos ni sugerencias de persona o grupo alguno.

El problema es que durante su desafortunado y, en gran medida, ruinoso ejercicio del poder, los errores han sido descomunales, las fallas enormes, el manejo de la cosa pública de lo más torpe, el saqueo del erario pasmoso, los desaciertos administrativos colosales.

Lo que buscan implantar es una calamidad a la venezolana

Por no tomar ni valorar opinión ajena a la suya es que la ciudad está destrozada por las obras del Sitramss, los hospitales desabastecidos de medicinas, hay un enorme y millonario hoyo en El Chaparral que nadie sabe cómo solucionar (y siempre los inefables consultores brasileños, esos con enchufe, para enderezar lo que entregaron a medias y torcido). ¿Adónde está la suprema sabiduría del partido, que dictará sin discusión, por lo inútil que resultaría discutir en una legislatura bajo su dominio, para que en esta tierra reinen la prosperidad, la democracia y las libertades individuales y colectivas?

Lincoln dijo que no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo, aunque se disponga de presupuestos ilimitados para propaganda. Y la gente normal que no está embobada por el alud de promesas y por la propaganda, mide bien el desorden y las consecuencias de las políticas implantadas. Lo que FUSADES ha revelado en su informe, que el desempleo va en incremento y que el costo de la vida ha ido al alza, lo padece y lo sabe la población.

Y eso también lo deben saber los responsables del régimen, pero se empeñan en no consultar con nadie ni menos rectificar; por las señales que hay, buscan profundizar un esquema que nos hundiría en una especie de Venezuela pero sin el petróleo ni los minerales ni el territorio de esta.

En lugar de marchar hacia el futuro estamos volviendo al pasado de los despotismos, al de regímenes autoritarios terriblemente crueles y empobrecedores.