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Un bus a San Miguel versus un vuelo a Londres

Las líneas más confiables son las del Primer Mundo, las del mundo capitalista. Volar en Aeroflot, como lo reportan periodistas que han cubierto eventos en Rusia, es "un susto terrible"

Día a día los rojos estrenan una nueva ocurrencia, como la comparación que uno de sus brillantes diputados hace entre los destartalados buses que viajan entre San Miguel y la capital y las líneas aéreas que sirven el país.

"De San Miguel, dice, 'es esta la tarifa', y de pronto el busero quiere cobrar más, no lo puede hacer porque el Viceministerio de Transporte lo está regulando; en el espacio aéreo no tenemos eso, y hoy estamos pretendiendo con esta reforma que el Estado tutele esto", dice el diputado, lo que es una válida comparación entre aguacates y tallas en madera o consultas dermatológicas con pintura de paredes.

Pero es muy distinto que a un autobús le falle el motor y quede a media carretera, a que un avión de pasajeros sufra percances y se estacione en medio de las nubes. Y esa "pequeña diferencia" es, en parte, la base de las regulaciones que rigen la aviación civil, lo que determina gran parte de los costos y lo que define qué empresa va a operar y cuáles no.

Pero es obvio que la ignorancia, no sólo de la industria de la aviación y de los transportes masivos en general, sino también de los procesos productivos a gran escala, hace que las cosas parezcan fáciles, que es de soplar y hacer botellas para que Alba inicie vuelos a El Salvador y, además, vuelos a nuevos destinos donde muy pocos pasajeros van.

Es claro que los autores del plan, plan que tiene la característica de lo parido fuera, no leen ni se enteran de las complejas situaciones que enfrentan aerolíneas establecidas, muchas de las cuales han cerrado, se han tenido que fusionar con otras, caen bajo protección de regulaciones de bancarrota y se ven obligadas, de manera permanente, a ajustar sus tarifas de acuerdo con la demanda, al precio del combustible, cambios en derechos de aterrizaje, el valor de seguros y de financiamientos, etc.

Si pretenden bajar precios, reduzcan los impuestos…

La mayoría de aerolíneas opera con pérdida y es gracias a las ventas en las clases "business" o primera, que consiguen mantenerse.

A esto se suma otra realidad: las líneas más confiables son las del Primer Mundo, las del mundo capitalista. Volar en Aeroflot, como lo reportan periodistas que han cubierto eventos en Rusia, es "un susto terrible", ya que los aviones suenan por todos lados, son frecuentes los accidentes y, para colmo, los inodoros operan con un tanque en la parte superior y una cadena. Y la línea peor calificada del mundo es la de Corea del Norte.

El buen diputado enarbola el mito: los "monopolios", pero es suficiente pasear por los mostradores del aeropuerto para ver que hay muchas líneas operando, que un pasaje comprado con días de antelación cuesta menos, que en las temporadas altas los precios suben. Resulta obvio que el diputado ignora que tanto líneas aéreas como comercios y empresas cubren gran parte de sus costos de operación gracias a las temporadas altas. Es lo usual en los hoteles, que se mantienen en servicio en meses cuando la ocupación es baja.

¿Qué harían los salvadoreños si las líneas aéreas dejan de venir a El Salvador y la gente se ve forzada a tomar los vuelos en Guatemala u Honduras?

Si quieren bajar los precios, reduzcan los impuestos a los pasajes…