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"Boston somos todos"; la humanidad bajo ataque

La frase "Boston somos todos" resume el sentir de salvadoreños, irlandeses, españoles, tailandeses, pakistaníes y de toda la gente del mundo que se horroriza y repudia la masacre

"Boston somos todos", las personas de buena voluntad, de trabajo, con principios morales y que se esfuerzan por vivir en paz, cuidar a sus familias, respetar al prójimo. Y esas personas inocentes son las que, en su mayoría, sufren los embates de las huestes del terror, de los enloquecidos que la han emprendido contra la civilización, contra la democracia, contra la libertad.

La frase "Boston somos todos" resume el sentir de salvadoreños, irlandeses, españoles, tailandeses, pakistaníes y de toda la gente del mundo que se horroriza y repudia la masacre perpetrada en ocasión de un acto festivo, de masas, de mucha tradición como es la carrera que se viene celebrando cada año y en la que participan miles de personas de todo el planeta. Es la carrera que una vez ganó un guatemalteco, Mateo Flores, la carrera en la que participan jóvenes, adultos, amas de casa, profesionales.

En esta ocasión dos bombas terroristas, preparadas para causar el mayor daño posible y las lesiones más espantosas, estallaron. Una de las tres víctimas mortales es un niño, como niños están entre los despedazados a la entrada de mezquitas en el Medio Oriente y niños mueren al ser reclutados como "combatientes" en África, en Asia, en América.

Así como los que mueven grupos radicales, hay terroristas que actúan por su cuenta, víctimas de su fanatismo y su estupidez como el dinamitero de Oklahoma City, Timothy McVeigh, que mató a más de ciento sesenta personas, la mitad de las cuales eran niños. El que actúa solo, como el desquiciado que atacó a una escuela en Nueva Inglaterra haciendo una matanza de niños, es casi imposible de identificar o detener; son maldiciones impredecibles, coletazos del demonio.

La red internacional del terror y sus cómplices

La más grande amenaza universal, empero, es la del terror organizado, de grupos, regímenes y movimientos que sostienen un aparataje del terror. Es AlQaeda. Es Irán con su financiamiento a bandas extremistas en el mundo, incluyendo a Hezbolá. Es Corea del Norte, la Cuba castrista, son los fundamentalistas islámicos que atacan a Malí y a otras naciones de África. Fue Bulgaria cuando contrató a Agca para asesinar al papa Juan Pablo II. Eran las guerrillas en la región centroamericana en la década de los Ochenta.

Son las bandas organizadas que siembran el terror en México y que día a día asesinan a personas inocentes, a mujeres, niños y a sus propios rivales, en Honduras, Guatemala y El Salvador.

Lo que se va comprendiendo con las últimas masacres es que no hay víctimas importantes o escenarios importantes, versus víctimas de segundo grado o menos importantes. Tampoco era válido llamar "rebeldes" a unos terroristas del Tercer Mundo, sólo porque los muertos estaban lejos y hoy calificar como terroristas a los que producen muertos se pueden ver e identificar.

¿Recuerdan ustedes, apreciados lectores, a Estrellita, al joven que fue acuchillado en la Escalón, a la deportista Alisson Renderos, a los tres muchachos que distribuían agua en Tonacatepeque, ¿no es terrorismo lo que les llevó a la muerte?

Irán, en guerra contra Occidente, patrocina vuelos semanales que parten desde Teherán y tocan Damasco, que aterrizan en Caracas y en Managua. Sería ingenuo pensar que se trata de vuelos de promoción comercial o cultural.

Es claro que el apaciguamiento, como querer ignorar realidades, está fracasando en la lucha mundial contra el terrorismo. La tragedia de Boston puede ser un punto de inflexión.