Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Bienvenido, estimado Roberto, a la dictadura de los caites

Pretender, en estos tiempos, estar en posesión de la verdad absoluta y regirse por las voces que les llegan desde lo alto, es aberrante y contrario a la convivencia social y la democracia

Roberto Rubio, director de la Fundación Nacional para el Desarrollo (Funde) y de Transparencia Internacional, Capítulo El Salvador, denunció que en las últimas semanas en él, su familia y otros directivos de la entidad han sido víctimas de persecuciones por autos desconocidos, al igual que de la intromisión electrónica en los servicios que Funde maneja en Internet y de otras intimidaciones, por lo que pide explicaciones al secretario de Participación Ciudadana, Transparencia y Anticorrupción.

Bienvenido, estimado Roberto, a la dictadura de los caites...

Pero quien debe dar explicaciones y disculparse es el mandatario, que cuando puede se autoelogia sobre la gran democracia que se vive en esta tierra, la del "buen vivir", lo que contrasta, sin embargo, con la crisis económica y la violencia imperantes.

El cuadro es muy similar a lo que varios periodistas y otras personas han sufrido: carros desconocidos, con gente de aspecto patibulario, los siguen por todos lados, los fotografían y, en cualquier momento, pueden detenerlos para pedirles papeles, como le sucedió el año pasado a uno de nuestros reporteros.

A ello se suma que "hackers" interfieren los sitios de las organizaciones críticas, desviando a los visitantes a páginas de pornografía.

Para los rojos es de mayor importancia ir tras opositores y productores, que averiguar sobre las pandillas y los extorsionistas de barrios y poblados. Y, por lo mismo, seguir a gente de algún significado en la vida pública, a periodistas y comunicadores, tiene una prioridad sobre otras tareas de inteligencia.

El Salvador no debe caer en la clase de sicosis que mueve a los del Estado Islámico, que persiguen y masacran a los que no se pliegan a su esquema, como acá sucede con los que rechazan el comunismo.

Roberto Rubio sufre acoso en igual manera como los rojos se ensañan contra los médicos del Hospital Rosales, por denunciar los malos manejos y la ineficiencia de la dirección del nosocomio y del Ministerio de Salud que ni siquiera suministra los medicamentos e insumos requeridos para tratar a los pacientes.

Agujeros negros contra el humor; los cementerios de las ideas

Pretender, en estos tiempos, estar en posesión de la verdad absoluta y regirse por las voces que les llegan desde lo alto es aberrante y contrario a la convivencia social y la democracia.

Nada de lo que mueve a este país, ninguna actividad productiva, ninguna investigación fructífera, ningún avance en tecnología, lo que genera empleos autosostenibles, es obra de los rojos, que simplemente se apropian de lo que ya está funcionando sin aportar valor adicional al conglomerado, pero estorbando mucho y gastando a manos llenas.

Lo que hasta hace pocos años fue una economía vigorosa y en crecimiento se fundamentó en la competencia, en la participación de incontables grupos y personas en las actividades de toda naturaleza, en la pluralidad de posturas, de enfoques, de participación, de ideas.

Esto es, precisamente, motivo de amenazas y persecución tanto en la persona de Roberto como en lo que escriben, declaran, informan, denuncian o apoyan muchos otros miembros de la sociedad.

La vida en el Estado Islámico, como en la dictadura criolla que están montando, es gris, sin humor, sin futuro. Y los que rompen esas cárceles de la mente se exponen a ser perseguidos o inclusive a ser purgados, como le sucedió a Roque Dalton, quien fue colaborador de EL DIARIO DE HOY, por su modo libre de ser, por no encajar del todo en lo sombrío y lo mortecino de las sectas comunistas fanatizadas de ese tiempo.