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La barbarie ensangrentó París y amenaza la civilización

Europa está amenazada por los jihadistas en gran parte a causa de las prédicas de musulmanes enloquecidos que desde mezquitas en Inglaterra, Alemania, España y Escandinavia continuamente incitan al odio

La barbarie del Medio Oriente ensangrentó a París, ciudad símbolo de las libertades fundamentales del hombre, de lo que son las más avanzadas fronteras de la civilización.

Masacrar grupos indefensos, atentar contra comensales en un restaurante, ametrallar a pasajeros de buses, disparar contra peatones, es usar la violencia contra quienes sólo por casualidad estaban allí, se trate de escolares de una escuela de Rusia o los clientes de un supermercado en Tel Aviv.

Es raro el país que en algún momento de su historia no haya sufrido la insania de fanáticos políticos, religiosos, de racistas o sicópatas.

El ataque es contra lo esencial de la democracia, de vidas y conglomerados humanos que escogen espontáneamente lo que son sus actos, su labor, su orden y entorno familiar, sus amores, amistades y rivalidades.

El terror surge de la diferencia fundamental de sociedades libres, donde cada quién escoge sus caminos acatando unas cuantas reglas que salvaguardan los derechos y las libertades de otros, y sociedades en las que las personas, súbditos del poder, están reguladas, vigiladas, coaccionadas, atemorizadas y expuestas a sufrir la violencia de otros que se imponen sobre ellos.

El ataque es contra la razón, la lógica y el pensamiento capaz de sobreponerse al absurdo, lo arcaico, lo anacrónico y lo cavernario. Va contra lo que mueve al hombre a saltar a las estrellas, a conquistar nuevas formas de creación artística y literaria, distintas maneras de enaltecer el intelecto, la cultura y el espíritu.

Europa está amenazada por los jihadistas en gran parte a causa de las prédicas de musulmanes enloquecidos que desde mezquitas en Inglaterra, Alemania, España y Escandinavia continuamente incitan al odio, de la misma manera en que el comunismo se vale de libertades democráticas para socavar y eventualmente destruirlas, como alertó Cicerón hace dos mil años y advirtió el primer ministro británico Cameron.

El hombre de Occidente, blanco de fanatismos políticos, religiosos y raciales, perseguido por comunistas, fascistas, nacional-socialistas y ahora salafistas musulmanes, mártir de la Inquisición y de la eterna y soberbia estupidez de otros, tiene que permanentemente reafirmar lo esencial de su marcha hacia el futuro, sobreponiéndose a los intentos de amordazarlo, silenciarlo y exterminarlo.

“El precio de la libertad es la vigilancia eterna”

La masacre de París es parte de la represión y las persecuciones que tienen lugar en Siria, de la barbarie extrema que victimiza a Somalia y grandes regiones de África por bandas depredadoras jihadistas; es un episodio más de las persecuciones y exterminio de cristianos en Siria e Iraq, de la destrucción de monumentos históricos en el Medio Oriente, de las lapidaciones por los talibanes en Afganistán.

La masacre de París es un ataque a la libertad y la civilización como lo son los juicios amañados y las agresiones policiales del chavismo, incluyendo el encarcelamiento de Leopoldo López a través de un juicio amañado, de las mordazas de Ecuador, las truculencias y corrupción de Argentina, de los asesinatos de secuestrados en El Salvador, del paso al totalitarismo en nuestro suelo que pretenden los comunistas.

Riesgos, amenazas, violencia siempre hay y es el conjunto de fuerzas, instituciones y la unión de la gente en combatir esa barbarie, lo que gana la lucha.

La libertad se fundamenta en la vigilancia eterna, como en el eterno reafirmar lo esencial de la democracia, combatir el miedo, proteger a los indefensos y neutralizar la maldad y la locura.