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Austeridad es recortar boato pero también burocracia

La eficiencia, que es una meta al dirigir negocios, comercios, fábricas y hasta tiendas de barrio, consiste en hacer lo más con lo menos, sacar el mayor provecho posible de ganancias

Austeridad en el gasto público ofrece la nueva presidencia, sin duda tomando el pulso de la opinión pública que condena los despilfarros, la corrupción y el boato del régimen que está por finalizar y que ha hecho descender a nuestro país en todos los índices que definen el buen gobierno y la democracia política.

Pero austeridad, en el buen sentido, no sólo significa recortar gastos, sino también administrar con eficiencia, reducir el tamaño de la burocracia, buscar personas idóneas y preparadas para dirigir las instituciones públicas.

No se trata únicamente de hacer recortes en las fiestas, licores, viajes, regalos, séquitos de seguimiento y pago de negocios a los favoritos, sino además procurar que los servicios para la gente se rindan con oportunidad, con calidad, con sensatez y con buenos resultados.

Se trata de ver el cargo como la oportunidad de servir, no como el chance de llenar las alcancías…

El anuncio sobre la austeridad se hace casi coincidiendo con las escandalosas revelaciones sobre la compraventa de propiedades y construcciones millonarias que involucran a personajes de la cúpula de CAPRES.

Y a eso debe poner el ojo tanto el nuevo gobierno como la Fiscalía, para determinar si no se trata de recursos desviados de las áreas más sensibles de la cosa pública en provecho de los corruptos.

El mayor peso sobre el patrimonio gubernamental, los presupuestos que se destinan a rendir servicios y considerando que labor social no es tanto andar repartiendo zapatos o semillas sino que las funciones del gobierno cubran las necesidades básicas de la población, es la enorme burocracia creada a dedo para "dar algo" a activistas políticos y miembros del partido oficial.

Y en esto cuentan las parentelas de diputados y ministros, como rellenar instituciones, embajadas y oficinas con gente sin capacidad pero que estorban y no dejan hacer. O lo más grave, echar funcionarios de larga trayectoria para colocar a allegados.

Los muertos son asunto ajeno a la gran fiesta que finaliza

La eficiencia, que es una meta al dirigir negocios, comercios, fábricas y hasta tiendas de barrio, consiste en hacer lo más con lo menos, sacar el mayor provecho posible de ganancias, gastos, de la mano de obra, de las clientelas y de todo lo que rodea al quehacer productivo, lo que es la base de la competitividad y de las calidades y precios al consumidor.

Pero así como un mal empleado o una decisión errada puede dañar un ente productivo o llevarlo a la bancarrota, también políticas torpes o malos gerentes pueden echar abajo las más florecientes entidades, tanto privadas como oficiales.

Hay dos ejemplos de cómo la torpeza del actual jefe del Ejecutivo y sus malos instintos han causado graves perjuicios al país. El primero es lo que sucedió con el Puerto de La Unión, que languidece mientras países vecinos están poniendo en marcha proyectos portuarios que van a hacer caer en la irrelevancia lo que iba a ser el motor de un surgimiento económico del Oriente del país.

El segundo, muy grave, es buscar "salida fácil", hacer demagogia pretendiendo que hay caminos fáciles para reducir o eliminar la ola de violencia que viene ensangrentando al país por culpa de un desgobierno insensible a tantas tragedias. Pero al calor del Johnny Walker cinta azul: "¡Que viva la Pepa…!"