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Aplastante caída del chavismo; ahora a reconstruir el país

El chavismo fue destruyendo la estructura productiva y de inversión de Venezuela, una nación dotada por la naturaleza de inmensas riquezas naturales pero que ahora apenas produce lo suficiente para dar de comer a la gente  

La aplastante derrota del chavismo abre las puertas para que Venezuela pueda iniciar el camino de regreso al orden y la civilización, libere a los presos políticos, ordene su economía y evite caer en la hambruna en la que se estaba hundiendo.   

Poco antes del cierre de las urnas, como relata el ABC de España, Diosdado Cabello intentó revertir la derrota y ordenó a sus milicias tratar de rescatar el voto chavista e incluso poner en peligro el proceso, pero tanquetas del Ejército se apostaron en los alrededores del Palacio de Miraflores para garantizar los resultados.

La legislatura tiene el poder de desmantelar las estructuras del fraude, los mecanismos y facultades con las que el régimen viciaba el proceso, anulaba candidaturas, sacaba partidos de las contiendas, metía mano en los conteos y falsificaba resultados, como ha denunciado hartamente la oposición.

Elecciones amañadas se han denunciado en Venezuela, Nicaragua y Ecuador, de la misma manera que la oposición cuestionó los dos últimos eventos electorales en El Salvador.

Hasta el último momento el chavismo intentó impedir el trabajo de observadores internacionales, incluyendo figuras de prestigio como los expresidentes Pastrana, de Colombia, y Quiroga, de Bolivia.

Cerrar puertas y ventanas para perpetrar falsificaciones y fraudes es lo usual, la manera en que mandatarios fracasados,  como Evo, se postulan para nuevos períodos después de abolir restricciones constitucionales.

El factor más destructivo en un país es la carencia de reglas claras, de exactas normas y orientaciones sobre las cuales se asienten el esfuerzo, la inversión y la creatividad de los pobladores. Y fueron precisamente esas garantías legales y constitucionales las que en su paso por el poder destruyó Chávez, un individuo pentapolar, absolutamente impredecible, que se embriagaba con sus exabruptos, desmanes y emociones.

A lo largo de los años, el chavismo fue destruyendo la estructura productiva y de inversión de Venezuela, una nación dotada por la naturaleza de inmensas riquezas naturales pero que ahora apenas produce lo suficiente para dar de comer a la gente, lo que señala la primera tarea económica de los triunfadores: restablecer el imperio de la ley, la seguridad jurídica, los puntos de referencia.

Se debe restablecer la ley,volver al mercado libre


Es obvio que por sí solo Chávez no habría logrado desbaratar los entramados productivos de Venezuela, sin contar con un ejército de seguidores con quienes rellenó el aparato de gobierno pero sin las cualificaciones profesionales y morales para ejercer sus responsabilidades.

Tampoco se habría llegado tan lejos sin los enormes —que en su momento parecieron inagotables—, ingresos del petróleo, convirtiendo a su partido en un dispensador de canonjías y opulencia que le permitió crear un imperio que, a la postre, se ha derrumbado.

Tras ese derrumbe va Cuba, que ya no cuenta con los donativos de petróleo para sostener impoluto su brutal despotismo.

Los estados que se rigen por fanatismos, odio, supersticiones económicas, por dolo y estupidez monda y lironda, forzosamente actúan al margen de un orden de leyes, lo que todo el tiempo los embarranca pues se carece de disciplina y se actúa a espaldas de las realidades del mundo contemporáneo.

Los países que por circunstancias, guerras, comunismo, depredación, quedan destrozados, como Venezuela, ahora, o Chile, con Allende, sólo logran ponerse de pie adoptando políticas liberales, como ha sido el caso de los Tigres del Asia y Japón al final de la guerra.

Cuesta más reparar un automóvil chocado que comprar uno nuevo.