Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Ya anuncia un populacho apoyo a "cambios profundos"

El régimen está intentando montar las estructuras antidemocráticas para socavar instituciones y la legalidad, el equivalente a los tribunales populares, las persecuciones y difamación, los "comités de vigilancia"

Grupos afines al oficialismo marcharon la semana anterior en apoyo de los "cambios" realizados y por realizarse, lo que equivale a querer suplantar los mecanismos democráticos y la institucionalidad, por populachos, mítines, manifestaciones, sentadas, bloqueos y griterío.

El régimen está intentando montar las estructuras antidemocráticas para socavar instituciones y la legalidad, el equivalente a los tribunales populares, las persecuciones y difamación, los "comités de vigilancia" que apoyan los actos arbitrarios y truculencias del partido en el poder.

Y la justificación es la de siempre: "el pueblo quiere profundos cambios, los quiere porque nosotros lo decimos, y vamos a pasar por encima de lo que se nos oponga para construir el socialismo".

Hasta el momento la discusión de la problemática nacional se ha llevado en los cauces usuales aunque echando mano de la compra de voluntades políticas y de una masiva propaganda oficialista para respaldar medidas de hecho y el incumplimiento de la ley por funcionarios y entidades públicas. Y lo que en otras partes da lugar a formación de procesos, como es no acatar fallos, acá se realiza con todo descaro.

Esa realidad la señaló un colaborador de EL DIARIO DE HOY, el Lic. Valiente: el presidente de la Asamblea y otros funcionarios rehúsan dar información que por ley deben revelar, lo que se agrega a la falta de transparencia y la manipulación de hechos que viene haciendo el régimen. A esto se suma el mentir, ocultar, distorsionar… los pasos hacia la dictadura.

Según uno de los que capitanea esos grupúsculos, la Corte —como debe pensar que sucede con todo el aparato estatal— "defiende los intereses de la oligarquía", los de ARENA, a los "ricos". Y en esto el individuo no se distancia nada de lo que viene diciendo el coordinador de los comunistas y los principales del régimen, la línea que sigue el partido desde hace setenta años.

Al que tiene la osadía de disentir lo purgan o lo desaparecen

No se necesita analizar lo que el buen señor dice para llegar a conclusiones: la manera como habla, los planteamientos que hace, lo que afirma y señala, sobran para comprobar su escasa educación, su ignorancia sobre cómo se mueve una economía, lo poco que sabe sobre lo que sucede en los países prósperos.

Igualmente es ajeno a las amargas condiciones en que se desenvuelve la vida de cubanos, de venezolanos, de todos aquellos a los que el destino coloca en países fallidos, bajo dictaduras, donde mandan fanáticos como los talibanes o la vida cotidiana de los norcoreanos, aunque allí parece que sucede algo trepidante.

Y eso, por desgracia, es el común denominador de las figuras a la cabeza del comunismo en este país: sus acusaciones, sus posturas, lo que proponen y lo que afirman, apuntan a escasa formación académica, ignorancia de las realidades de la economía, ciega creencia en los dogmas marxista-leninistas, incapacidad para cambiar de ideas.

Un analista se preguntaba, en estas páginas, si no hay posibilidad de que los salvadoreños "nos pongamos de acuerdo", hagamos de lado diferencias para trabajar por el bien común. Y eso es posible, pero sólo cuando los que participan no están cegados por ideas preconcebidas, no se creen dueños de la verdad.

Y tan grave es el problema que los rojos purgan a quienes tienen la osadía de cuestionar a sus dirigentes, como entre otros, le sucedió a Roque Dalton…