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Anteponen sus apetencias a los intereses del país y su gente

La nueva directiva de la Asamblea pone de manifiesto lo que mueve el quehacer estatal en grave perjuicio de la Nación. Gente sin las cualificaciones para ocupar cargos públicos son los nuevos figurones

Lo menos que merecen los salvadoreños es que sus instituciones estén conducidas por personas capaces, racionales en sus actos, honestos en su conducta y su vida, con una formación de primer nivel en lo intelectual y profesional.

En los últimos ocho años los salvadoreños vienen viendo enquistarse en el poder a individuos sin escrúpulos que anteponen sus apetencias y las de grupo a los intereses del país y de la gente. Los resultados están a la vista: el enriquecimiento de funcionarios, el imparable deterioro de los servicios públicos, la acumulación de la deuda del gobierno frente a sus responsabilidades básicas.

Hace poco Hacienda publicó una lista de supuestos deudores del fisco, pero si se suma lo que el actual gobierno le debe a sus proveedores, a obras sin completar, a programas paralizados, a subsidios de Educación y lo que está pendiente de llevar a cabo como la reparación de equipos en hospitales y las calles y avenidas que están siendo destrozadas por el Sitramss, el país podrá ver quién es el moroso que no da señales de tener vergüenza de serlo.

Y es que para la oligarquía comunista, es el país el que está al servicio suyo, no las entidades públicas al servicio del país.

La nueva directiva de la Asamblea pone de manifiesto lo que mueve el quehacer estatal en grave perjuicio de la Nación. Gente sin las cualificaciones para ocupar cargos públicos son los nuevos figurones. Y se ha llegado a esto por las apetencias políticas de los partidos pequeños que, literalmente, venden a sus madres por un salario adicional y la posibilidad de colocar a sus mantenidos como asesores.

Lo que esta gente piensa se descubre en lo sucedido el fin de semana antepasado en Catedral: una banda de sujetos con rostros patibularios e insignias comunistas irrumpió en el templo en plena misa, se plantó en el altar mayor y frente a las pilas bautismales cuando se celebraban los oficios. Su sola presencia era ya una amenaza, al punto que el Arzobispo les advirtió que estaban cometiendo un sacrilegio.

Y tal cosa ocurre en la actualidad: la antigua guerrilla irrumpe en una sociedad que es de trabajo y honestidad, dispone del erario, los cargos públicos y de los bienes de los contribuyentes y toma como propio lo que no ha creado.

El desarrollo y la prosperidad

no es obra de ocurrencias

El progreso y el bienestar de una nación no es el resultado de ocurrencias, de actos arbitrarios, de exabruptos ni de hacerse con lo ajeno, sino de una conducción sensata de lo que se fabrica, elabora, vende, intercambia, exporta y siembra. Todo se tiene que administrar con eficiencia y todo debe ajustarse al orden de leyes, a lo que es la buena costumbre y a lo que rige el trabajo y la vida pública en las democracias.

Pero eso no es tarea de improvisados. Cada negocio crece gracias al esfuerzo y la capacidad de quienes lo dirigen, como cada profesional que destaca lo debe a su perseverancia, sus conocimientos y su labor. E igual con los países: no crece su economía tanto por milagro, cuanto por adoptar sanas políticas, por impedir que los funcionarios roben en forma impune, por proteger a la población, por aplicar la ley parejamente.

Es decir, lo contrario de lo que sucede en esta tierra salvadoreña...