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La amenaza del ébola y las plagas históricas

A causa de la peste, propagada por las pulgas de las ratas (y morían de la peste las pulgas, las ratas y los humanos) la tercera parte de la población de Europa murió

El espectro del ébola tiene en vilo a la humanidad, que cada cierto número de años es diezmada por plagas y morbos de horror, desde las maldiciones bíblicas que no son identificables, hasta la peste negra, la sífilis que, en su momento, se llamó morbus gallicus o el mal francés, la tuberculosis ---que mató a Mimí, en la ópera La Bohemia, y a Chopin en la realidad---, la terrible gripe de los años posteriores de la Primera Guerra Mundial, el sida...

Para remate, el régimen se quedó sin dinero con sus alegrías y no se han comprado vacunas, las que protegen sobre todo a nuestros niños. Hay para los zapatitos y el vaso de leche, pero no para combatir el sarampión, la tos ferina y la parálisis infantil.

Las pestes, nos dijo nuestro recordado maestro Emilio Forrer, son el mecanismo natural para controlar especies, entre ellas el hombre, cuando proliferan en demasía. O cuando, es obvio, se desploman sus defensas. Y, en tal sentido, los incendios forestales son un remedio contra plagas que atacan el bosque, desde insectos hasta enfermedades propias de las plantas.

Y de allí la sana práctica de los agricultores de rotar cultivos en lo posible, para que descanse la tierra por una parte y para combatir plagas, lo que obviamente no vale para cafetales o sembrados de palmas.

Pero así como no se cuidó el suministro de vacunas, tampoco se le dio importancia al brote de roya, con las nefastas consecuencias que estamos sufriendo con cosechas disminuidas.

El ébola evoca el horror de la peste negra, tan magistralmente descrito por Bocaccio en el preámbulo del Decamerón. A causa de la peste, propagada por las pulgas de las ratas (y morían de la peste las pulgas, las ratas y los humanos) la tercera parte de la población de Europa murió y, en el proceso, también murió el bajo Medievo y dieron inició el alto Medievo y el Renacimiento.

Con medicinas luchando

y a Dios rogando…

En aquellos tiempos de ignorancia sobre los procesos infecciosos, las enfermedades y sobre todo las pestes, se atribuían a castigos de Dios. Y para aplacar la cólera divina, el remedio eran rezos y rezos y rezos, seguidos en algunos casos por la construcción de santuarios agradeciendo a la divinidad haber librado a su rebaño de la peste. Y uno de esos bellos santuarios es el templo de Santa María de la Salute, a la entrada del Gran Canal de Venecia...

Hoy en día además de los rezos se recurre a supercomputadoras que simulan incontables escenarios para encontrar vacunas o tratamientos, lo que ya se logró, con medicamentos experimentales, tratando de salvar la vida de dos médicos estadounidenses contagiados de ébola quienes, para espanto de la opinión pública, fueron llevados a Nueva York para su curación.

Antes, una región como África afectada por el ébola estaba naturalmente aislada; hoy ese aislamiento, como lo demostró la propagación del sida, no existe. Y al no existir, todos los países deben montar sus programas de control, lo que aquí en el nuestro y dados los funcionarios que manejan Salud Pública, obliga a reforzarlo con cánticos y rezos.

Consuela saber que hay relativamente simples cuidados para reducir las probabilidades de contraer el espantoso mal, lo que todos los médicos y las familias deben conocer.