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Aisladamente no pueden combatirse lacras y amenazas regionales

Lo que se viene haciendo es más una reacción a lo que sucede y una reacción a nuevas modalidades y agresiones, que tomar la iniciativa, lo que pasa también por incorporar a gente con mejores ideas y más capaz para llevar a cabo una lucha efectiva co

Las amenazas y las agresiones que sufren simultáneamente varios países en una misma región demandan la formación de contingentes comunes de defensa, lo que ha movido a Egipto, Arabia Saudita y varios de sus aliados, como Jordania, a crear en el plazo más corto un ejército de al menos cuarenta mil soldados de élite con apoyo de aviones de combate y unidades blindadas.

Mientras, Arabia Saudita ha emprendido ataques contra los insurgentes de Yemen, país convulsionado que ha sido asiento de grupos extremistas, bandas de terror y las tendencias más descabelladas imaginables.

La lección es clara y contundente: ningún país puede afrontar agresiones regionales de envergadura, pues le tocaría enfrentarse a grupos o bandas que cruzan fronteras, se sirven de otros territorios para descansar y reagruparse, mantienen cuarteles generales fuera de los lugares donde actúan, como los comunistas durante las guerras de la Década de los 80 en Guatemala, El Salvador y Honduras.

Es el problema que afronta Colombia con la narcoguerrilla de las FARC: los terroristas-traficantes mantienen campamentos en Venezuela (como los hubo en Ecuador en el caso de Reyes), país que usan para despachar droga a otras latitudes y asimismo para curarse y descansar.

Pero dado el apoyo venezolano a las FARC, no es previsible que se pacte un acuerdo con Colombia para limpiar las zonas afectadas por los narcos.

El crimen organizado destruye a los honrados y a los bandoleros

Las pandillas que operan en Centro-América, México y Estados Unidos se valen de la división de estrategias, fuerzas, políticas y corrupción, para continuar operando y burlarse de lo que aisladamente cada país hace, algunos con mayor o menor efectividad.

Es así como el norte de Guatemala se ha convertido en un feudo de bandas de narcotraficantes en los que es muy difícil para la policía y el ejército operar, con el agravante de que esas bandas no se ven ni se tratan como una fuerza agresora, un ejército invasor que debe combatirse militarmente, sino como delincuencia común.

Donde esa lucha está fracasando es en nuestro país, principalmente por la incapacidad y las figuras asignadas para tratar la amenaza, de formular ideas y estrategias efectivas.

Lo que se viene haciendo es más una reacción a lo que sucede y una reacción a nuevas modalidades y agresiones, que tomar la iniciativa, lo que pasa también por incorporar a gente con mejores ideas y más capaz para llevar a cabo una lucha efectiva contra la delincuencia pandillera.

El problema, desde que el partido oficial llegó al poder hace seis años, es una especie de rueda de caballitos o sillas musicales: siempre echan mano de los mismos figurones del partido, los que una y otra vez comprueban su incapacidad y su falta de ideas, pero allí se mantienen.

A ello se suma el no querer actuar de común acuerdo con otros países, desde Estados Unidos hasta Colombia, para erradicar una espantosa lacra, un mal que por igual victimiza a la población como mantiene en un régimen de esclavitud a los miembros de esas bandas.

Es rara la semana que transcurre sin que maten a jóvenes por no entrar en las pandillas o por salirse de ellas, situación que crece como además se extienden las prédicas del odio y del resentimiento comunista en barriadas y escuelas.