Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Ahora venden la ilusión de subir el salario mínimo

Cada vez que suben los salarios mínimos se incrementa el desempleo y se reducen las posibilidades de conseguir nuevo empleo, pues es más costoso generarlo

Elevar el salario mínimo es la gran pensada del Ministerio de Trabajo --ocurrencia colectiva, seguramente, por lo nerviosos que están los oficialistas al ir de fracaso en fracaso--, con lo que de seguro piensan congraciarse con “el pueblo”.

Si mejorar las condiciones de vida de un conglomerado fuera así de fácil, lo propio sería decretar un salario para todos de dos mil dólares mensuales... o, digamos, cinco mil. Como lo externó con mucha autoridad hace algún tiempo uno de los capitanes rojos, “en tal forma aumenta mi poder adquisitivo: yo gasto más, eso estimula la economía”. ¡Y todos en Jauja!

Es muy fácil el crecimiento. Cuando están sentados, estimados lectores, traten de gravitar tirando hacia arriba la base de la silla...

Vamos a sugerir, con todo respeto, a la señora ministra que apadrina la gran ocurrencia, pensar en las consecuencias indirectas, los efectos que en un segundo, tercer, cuarto nivel y así sucesivamente, tendrá esa alza.

El efecto visible es que al primer pago después de decretado el aumento, el asalariado recibe más dinero. Es hasta allí, por lo general, que llegan los promotores de salarios mínimos.

Pero los salarios son, “nos guste o no nos guste”, costos de producción, y se pagan de acuerdo con lo que produce, fabrica, vende, hace o mueve un trabajador. Y si eso que “produce, fabrica, vende, hace o mueve un trabajador”, más el costo de sus prestaciones (aguinaldo, contribución al ISSS, pago de alquileres, etc.), es inferior a su salario, pierde el empleo.

Cada vez que suben los salarios mínimos se incrementa el desempleo y se reducen las posibilidades de conseguir nuevo empleo, pues es más costoso generarlo.

Los únicos que pagan salarios a gente que no produce o apenas produce son los rojos en el poder, quienes incluyen a sus parentelas y amigatelas.

De carga, en carga, en carga hasta colapsar la economía 

Reflexionar sobre los cuadros generales de un país no es el fuerte de los actuales funcionarios, por lo que de nuevo sugerimos que se tomen en cuenta las realidades siguientes:

Muchos negocios, especialmente los medianos y pequeños, no solo tienen que ser competitivos, continuar en el mercado y sostener a su personal, sino también deben enfrentar el acoso de Hacienda, además del de las pandillas.

Los de Trabajo aparentemente no comprenden cómo la situación en la ciudad se ha agravado, con las pandillas controlando hasta zonas importantes de la capital, debido sin duda a la inepcia de los encargados de seguridad, el mismo grupo que va de fracaso en fracaso.

A eso del salario se suma el nuevo y disfrazado impuesto, una especie de “saca ojos”, de las tarifas del agua, que se han quintuplicado o decuplicado sin que haya ninguna justificación, aun considerando la colosal ineficiencia del ente.

Una alza del salario mínimo, como se viene diciendo, impide que el sector informal de la economía se formalice, ya que al formalizarse cae de inmediato en la mira de los desplumadores de Hacienda y de los de Trabajo.

Hay un viejo refrán que habla de la paja que quiebra el espinazo del camello: el beduino comienza a cargar sobre el pobre animal lo que se le antoja, hasta el instante fatal...