Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Ahora es Dios el culpable de las hambrunas en Venezuela

No es culpa de Dios que los populachos de Venezuela eligieran en tres sucesivas ocasiones a un farsante como presidente que se enriqueció y enriqueció a su familia y a sus secuaces, pero arruinó al país.

" El nuevo ministro de economía venezolano es Jesucristo..."

En medio de la tragedia que está machacando a Venezuela la gente se burla de los disparates y los exabruptos de Maduro, que no encuentra a quiénes culpar por el desastre causado por el chavismo y sus seguidores.

Lo último es decir a los venezolanos que "Dios proveerá", que bajarán deidades a repartir alimentos y toda clase de bienes a los pobladores, a quienes comienza a acosar el hambre.

Pero Dios, señalan los críticos del régimen, ya proveyó, colmando al territorio venezolano de inmensas riquezas, de minerales, de ríos y bosques, de una geografía privilegiada, de costas ricas en vida marina.

No es culpa de Dios que los populachos de Venezuela eligieran en tres sucesivas ocasiones a un farsante como presidente que se enriqueció y enriqueció a su familia y a sus secuaces, pero arruinó al país.

Los comunistas venezolanos son incansables en culpar a otros del descomunal desmadre que sus políticas han causado, siendo "los distribuidores" los últimos a los que apuntan el dedo, como fueron antes los terratenientes, los banqueros, los productores y fabricantes, los comercios. Y al coro se suman sus peones en el Hemisferio; ya dijo el señor Medardo, el que mueve a los rojos en este suelo, que la grave situación de Venezuela es causada por los enemigos del régimen.

Pero los peores enemigos del régimen son ellos mismos, como los peores enemigos del régimen en este país son sus incapaces funcionarios y los corruptos que medran a su sombra...

No se requiere ser profeta, o profundo en futurología, para saber lo que iba a suceder en Venezuela con la llegada de Chávez al poder, o en El Salvador con Funes y los que le siguen.

El derrumbe económico es la inevitable consecuencia del socialismo marxista, como se viene repitiendo en el mundo a lo largo de los últimos ciento cincuenta años y sucedió en Roma en el siglo III de nuestra era bajo el emperador Diocleciano.

Pese a contar con riquezas naturales, población inteligente y hasta estructuras productivas fuertes, país tras país que sucumbe al comunismo en muy poco tiempo cae en la bancarrota y la escasez. Al día de hoy Rusia no logra superar las tremendas penurias provocadas por el estalinismo.

Pero peor que los colapsos económicos es la degradación moral, el envilecimiento de la sociedad, la pérdida de principios, las rivalidades entre sectores, la envidia y las malquerencias.

Una nueva marcha de cacerolas vacías ahora en calles venezolanas

Cuando en un país hay quienes se enriquecen con movidas turbias y metiendo mano en presupuestos (los millonarios en sociedades que se hunden que nunca antes habían destacado o inclusive sin haber trabajado en el mundo real) abundan los que pretenden lo mismo y que recurren a incontables infamias para conseguirlo.

Allí es cuando aparecen, y lo decimos como ejemplo, los rufianes que reclutando y prostituyendo jovencitas ganan poder cobijándose a la sombra de depravados funestos que controlan la cosa pública.

El domingo, los venezolanos marcharon protestando por el hambre, marcha acompañada con el ruido de cacerolas y sartenes vacíos, como fueron las marchas que a la postre derrumbaron en Chile al régimen de Allende, otro comunista cuyas políticas y desmanes provocaron la usual hambruna roja.

Allende se hizo con el poder después de una visita de Castro a Chile...