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Agua hay en abundancia pero no saben administrarla

En los muchos años transcurridos desde la creación de ANDA no se han conocido ideas originales o esfuerzos para detener la muerte de ríos, pozas, lagunetas, corrientes de agua y lagos

Dios nos bendice cada año con dos metros de lluvia, una cantidad de agua que ya quisieran para sí los pobladores de California, los sirios y los palestinos como los africanos que viven en las tierras al sur del Sahara.

El buen manejo del agua, de lo que nos cae del cielo, debe basarse en recoger lo más que se pueda de ese inmenso caudal de las lluvias, cuidarlo en reservorios para luego transportarlo, filtrarlo, purificarlo y distribuirlo a la población.

Por ahora ningún gobierno ha pasado de lo mismo: usar el agua de represas y principalmente la del Cerrón Grande, como de pozos que cada vez tienen que profundizarse más, ya que los mantos freáticos están desapareciendo. Y para completar el cuadro, las redes de distribución, los equipos de bombeo y los puntos desde donde se procesa el agua están sin renovarse, a lo que se suma el que las tuberías del Gran San Salvador, de las principales ciudades y de muchas poblaciones, han pasado su vida útil.

Lo lamentable es que desde hace un largo rato los gobiernos no plantean el problema del agua en su plena dimensión ni destinan recursos para resolverlo. Y lo que ANDA recauda en gran parte va al gasto general, el que bien sabemos cómo se maneja de mal.

Hay que ordenar lo atañero al agua, pero mientras una de las propuestas nos llevaría a empeorar la situación --poner en manos del MARN el control--, la otra, crear una autónoma, sería el inicio de un cambio de rumbo, principalmente al destinar los ingresos provenientes de la venta de agua a actualizar el sistema e invertir en renovar lo que está desfasado.

Se les hacen irresistibles los ingresos de la venta de agua

La obstinación del régimen en colocar el control del agua en manos del MARN tiene una simple explicación: se les vuelve irresistible caer encima del dinero que recolecta ANDA para sus burocracias y sus despilfarros, como se les vuelven irresistibles los ahorros de los trabajadores salvadoreños.

En los muchos años transcurridos desde la creación de ANDA no se han conocido ideas originales o esfuerzos para detener la muerte de ríos, pozas, lagunetas, corrientes de agua y lagos, que son reservorios naturales que año con año se renuevan con las lluvias.

Y el rescate es muy simple: colocar tapadas en cauces naturales que permitan a una parte del agua lluvia a infiltrarse, o inclusive a recogerse en nuevas pozas que pueden servir para abrevar ganado y cultivar especies comestibles de ranas. Nuestro Fundador, don Napoleón Viera Altamirano, formó una agradable laguneta en una propiedad que tuvo en Chalatenango, zona luego devastada por las incursiones de la guerrilla.

Todo es poner un pequeño tractor, un Bobcat, para ir de pueblo en pueblo formando esos embalses.

Y embalses han hecho por su cuenta muchos agricultores y quienes siembran y cultivan peces y camarones, que sin apropiarse del agua de nadie sino simplemente recogiendo lo que el cielo nos envía, han mejorado su entorno y refrescado en una pequeña medida el ambiente.

Lo que debe ser un propósito de los migueleños, que en estos meses están pasando por el infierno: reforestar la zona, crear embalses para recoger agua de lluvia, incrementar la evaporación y, poco a poco recuperar lo que fue un clima menos cruel hace decenas de años.