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Brasil

Rousseff preocupada por escándalos de corrupción

La mandataria ordenó a su gobierno que se desentienda de lo relacionado a escándalos

Dilma Rousseff

BRASILIA. Sabía que podía suceder, pero no por eso dejó de sorprenderla la noticia de la detención de José Dirceu, ex hombre fuerte del gobierno de su padrino político, el exgobernante Inacio Lula da Silva, ayer. Preocupada, la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, instruyó a sus asesores evitar que el gobierno y el oficialista Partido de los Trabajadores (PT) sea “contagiado” por el escándalo en la estatal Petrobras, en el caso de corrupción bautizado petrolão. 

Según el diario Folha de S. Paulo, Rousseff ordenó que el gobierno se desentienda del escándalo originado por el arresto, el lunes, del petista Dirceu junto a su hermano y un ex colaborador.

Fuentes próximas al Palacio del Planalto dijeron que el gobierno está alarmado ante la posibilidad de que alguno de los detenidos opte por la “delación premiada” y haga revelaciones comprometedoras.

Por su parte O Globo, de Río de Janeiro, informó ayer que “en medio de la crisis política el gobierno intenta blindar a Dilma, la estrategia del Planalto es despegar la imagen de la presidenta del desgaste por el arresto de Dirceu”.

Funcionarios reconocieron que la imagen negativa causada por la prisión del exhombre fuerte del gobierno de Lula alimentará el disgusto de la población con Rousseff.

El involucramiento en el escándalo Petrobras de Dirceu, una figura central del PT y del gobierno de Lula, golpea directamente a la fuerza a la que pertenece Rousseff, que ya tiene a su extesorero Joao Vaccari Neto en prisión por este caso.  Dirceu fue vinculado a la dirección de Servicios de Petrobras que comandaba Renato Duque, también arrestado. Según el pedido original de investigación de la fiscalía de la República, Duque fue nombrado en Petrobras a instancias del PT.

Mientras la mancha se extiende, algunos acusados que confesaron sus delitos a la Justicia, como el exgerente de Petrobras Pedro Barusco, afirman que la corrupción dentro de la mayor empresa de Brasil, hasta hace poco sinónimo de progreso y de futuro, se “institucionalizó” durante el ciclo del PT en el poder.

El “Petrolao” está cobrando un peaje muy elevado a Rousseff, cuya popularidad cayó al 7.7%, según una encuesta reciente que mostró que más del 60% quiere que sea sometida a un juicio político de destitución. Rousseff dijo que desconocía la existencia de este requerimiento y se ha mostrado visiblemente irritada por el tema. 

Ella deberá afrontar el 16 de agosto una nueva protesta callejera en su contra, después de haber sufrido 2 en lo que va de este año que congregaron en total a cerca de 3 millones de personas.

Dirceu se encontraba en prisión domiciliaria desde diciembre pasado en Brasilia debido a la condena que purga por el denominado Mensalão, que puso al descubierto el pago de sobornos a parlamentarios durante el gobierno de Lula.

En noviembre de 2013, en un juicio histórico en el que fue condenada la ex cúpula del PT, el Supremo Tribunal Federal sentenció a Dirceu a diez años y diez meses de prisión, que el año pasado fue reducida a 7 años y 11 meses, bajo arresto domiciliario.

Esta vez, la Procuraduría lo acusa ahora de haber montado una red de corrupción que causó un perjuicio de $2,000 millones a Petrobras.

En El Salvador, entre las empresas que resultaron ligadas al escándalo Petrobras están Odebrecht y Queiroz Galvão; seleccionadas por la CEL (Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa), durante el gobierno de Mauricio Funes, para ejecutar obras eléctricas en El Salvador.

Queiroz Galvão fue contratada para ampliar la presa hidroeléctrica 5 de Noviembre y Odebrecht fue preseleccionada para construir El Chaparral, cuyas obras fueron abandonadas a medias y pese a ello el Estado terminó pagando $108 millones.  

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