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Patricia se convierte en tormenta tropical pero continúa siendo una amenaza

Pese a los primeros informes de inundaciones y deslaves, no habí­a noticias de muertos ni daños importantes 

Huracán Patricia se degrada a tormenta tropical a su paso por México

El huracán Patricia se convirtió en tormenta tropical el sábado mientras se internaba por una región montañosa de pequeñas poblaciones en el oeste de México.

Patricia se convirtió en tormenta tropical el sábado mientras se internaba por una región montañosa de pequeñas poblaciones en el oeste de México, muy debilitado de sus magnitudes récord del dí­a anterior, pero con fuerza suficiente para descargar lluvias torrenciales que podrí­an causar inundaciones y deslaves peligrosos, advirtieron las autoridades.

Patricia, que en su momento de mayor potencia fue uno de los huracanes más fuertes jamás registrados, tocó tierra el viernes en una zona poco poblada de la costa mexicana del Pací­fico como huracán de categorí­a 5. No golpeó directamente la ciudad turí­stica de Puerto Vallarta ni el importante puerto de Manzanillo.

Pese a los primeros informes de inundaciones y deslaves, no habí­a noticias de muertos ni daños importantes mientras el meteoro avanzaba sobre las montañas del interior al caer la noche. Las imágenes de televisión grabadas en la costa mostraban árboles y postes eléctricos derribados y calles inundadas. Milenio TV incluyó imágenes de autos y autobuses arrastrados por las crecidas en el estado de Jalisco.


El presidente Enrique Peña Nieto dijo en un mensaje televisivo que los daños eran "menores a los correspondientes a un huracán de esa magnitud", aunque señaló que "la parte más peligrosa" estaba por verse.

Patricia se debilitó el sábado por la mañana hasta convertirse en tormenta tropical, con vientos sostenidos máximos de 80 kilómetros por hora (50 millas por hora) y se esperaba que se disipara durante el dí­a sobre las montañas del interior de México.

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El vórtice del meteoro se encontraba a unos 55 kilómetros (35 millas) al noreste de Zacatecas y se moví­a hacia el norte-noreste a una velocidad de 33 kilómetros por hora (21 millas por horas).

Brandie Galle, una turista de Grants Pass, Oregon, dijo que se habí­a refugiado con otros visitantes en un salón de fiestas con ventanas protegidas en el Hard Rock Hotel de Puerto Vallarte. Dos horas después de que el huracán tocara tierra, y dado que la ciudad no habí­a sufrido graves consecuencias de la tormenta, los trabajadores les dejaron salir para comer en un restaurante del hotel.
 


"Dijeron que parecí­a que la tormenta habí­a golpeado más abajo", dijo. "Todo el mundo empieza a animarse un poco, pero sigue un poco en vilo esperando a ver qué pasa con la tormenta".

Algunos huéspedes desesperados por marcharse habí­an pagado antes 400 dólares a taxistas para que les llevaran 200 kilómetros (120 millas) hasta la ciudad interior de Guadalajara, dijo Galle.

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Los aeropuertos de Puerto Vallarta, Manzanillo y Tepic estaban cerrados el viernes, pero las autoridades anunciaron un puente aéreo el sábado para sacar a los viajeros varados de las zonas golpeadas por la tormenta.

El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos dijo que el huracán presentaba vientos sostenidos de 215 kilómetros por hora (130 millas) el viernes por la noche. El vórtice se localizaba a unos 75 kilómetros (50 millas) al sureste del balneario turí­stico de Puerto Vallarta.


A lo largo de un tramo de costa salpicado de tranquilos pueblos pesqueros y deslumbrantes complejos turí­sticos, vecinos y visitantes se habí­an refugiado en albergues y viviendas. En Puerto Vallarta, los habitantes habí­an protegido sus casas con sacos de arena y cubierto las ventanas de tablones y cinta adhesiva, mientras que los hoteles recogieron los restaurantes a pie de playa.

Los Sokol, una familia de cinco miembros de un suburbio de Detroit, tení­an previsto salir en avión de Puerto Vallarta el viernes, pero terminaron pasando varias horas en un refugio en una universidad tras la cancelación de su vuelo. Cuando llegó la noche estaban donde empezaron: en su hotel, e ilesos.

"Es increí­ble cómo pasó de ser la peor de la historia a sólo algo de lluvia intensa", comentó Susanna Sokol, señalando que al menos el huracán habí­a dado a su hija un cumpleaños para recordar.

"Durante un rato fue bastante estresante", dijo Tom Sokol. "Me sentí­ culpable por traer a mis hijos aquí­".

Patricia se formó de pronto el martes como tormenta tropical y ganó fuerza con rapidez para convertirse en huracán. En 30 horas habí­a alcanzado la categorí­a 5, tomando a muchos por sorpresa con su veloz evolución.

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Para el viernes era el huracán más potente jamás documentado en el continente americano, con una presión central de 880 milibares y vientos sostenidos de 325 kilómetros por hora (200 millas por hora), según el Centro Nacional de Huracanes, aunque las autoridades mexicanas aseguraron que alcanzó los 400 kilómetros por hora.

La fuerza de Patricia era comparable a la del tifón Haiyan, que hace dos años dejó más de 7.300 muertos o desaparecidos en Filipinas, según la Organización Mundial Meteorológica de Naciones Unidas.

Las autoridades mexicanas declararon el estado de emergencia en docenas de localidades de los estados de Colima, Nayarit y Jalisco, y se cerraron las escuelas. Muchos vecinos compraron suministros antes de la llegada de la tormenta. Las autoridades abrieron cientos de refugios y anunciaron sus planes de cortar la electricidad como medida de seguridad.

Uno de los huracanes más devastadores hasta ahora en México golpeó en 1959 en las costas de Colima y dejó al menos 1.500 muertos, según registros del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred).

Se cree que decenas de miles de ciudadanos estadounidenses residen o están de vacaciones en zonas que probablemente se verán afectadas por la tormenta, señaló el portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos Mark Toner.
 

Patricia también es una amenaza para Texas, ya que los meteorólogos esperan que incluso después de disiparse, es probable que la humedad tropical que desplaza alimente las lluvias que ya anegan el estado sureño.

El Servicio Nacional de Meteorologí­a de Estados Unidos señaló que se mantendrí­a un aviso por inundaciones repentinas hasta el domingo en las zonas de Dallas-Forth Worth, Austin y San Antonio.

Galveston estaba bajo aviso de inundaciones en la costa hasta el sábado por la noche.

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