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La odisea y milagro del náufrago salvadoreño

El Diario de Hoy habló con los padres del sobreviviente, quienes viven en Garita Palmera, Ahuachapán.

Doña María celebra al enterarse de que su hijo está vivo. Foto EDH / L. Lemus

Doña María celebra al enterarse de que su hijo está vivo. Foto EDH / L. Lemus

Doña María celebra al enterarse de que su hijo está vivo. Foto EDH / L. Lemus

María Alvarenga nunca perdió las esperanzas de volver a ver vivo a sus hijo José Salvador Alvarenga Orellana. Las innumerables ocasiones que lo soñó, durante seis años, no fueron en vano. Ayer lo vio en fotografía y aunque José está irreconocible, ella sabe que es él.

Una pariente que veía las noticias en Internet, cerca de las 10:00 de la mañana, se percató de que en México fue rescatado un hombre que había permanecido 13 meses naufragando. Al leer el nombre, alertó a su familia. Todo indicaba que se trataba de José.

Dos horas después, doña María recibió una llamada de la Dirección de Migración Extranjería de El Salvador confirmándole que su hijo era el mismo de las fotografías. El rostro de José Salvador dio vuelta al mundo en las principales cadenas de noticias y periódicos digitales.

La alegría de saber que José está vivo también podía observarse ayer en el ánimo de Ricardo Alvarenga, el padre del salvadoreño, quien declaró que hace un año tuvo noticias de que su hijo "había muerto en un hecho de violencia en México". Sin embargo, nadie le dijo más y nunca vio el cadáver de su vástago.

"Lloré al verlo en la computadora. No aguanté las lágrimas. He intentado ser más fuerte que mi esposa, pero no aguanté más", dijo don Ricardo al ver a su hijo en Internet.

Otra integrante de la familia Orellana Alvarenga que tampoco pudo ocultar su felicidad fue la hija de José Salvador, quien tenía cuatro años de edad cuando el compatriota decidió viajar a México, donde dedicaba a la pesca. Ella también se llama María, y tiene ahora 21 años.

Alrededor de las 4:00 de la tarde, sonó el teléfono en la casa de los Orellana Alvarenga, en Garita Palmera, Ahuachapán. Era la llamada que la familia esperaba con ansias. Era José Salvador, desde la cama de un hospital local en las islas Marshall, situadas a la mitad del camino entre Hawai y Australia.

El salvadoreño no habló mucho con su madre. Le expresó "que estaba débil, pero bien".

"Pronto la veré, mamá. Me quiero ir de acá y estar con ustedes", aseguró doña María que él le dijo. José Salvador llevaba 15 años radicando en México antes de naufragar.

La madre de José no soportó la emoción y lloró. Anoche era consolada por amigos y parientes que llegaron hasta su casa.

"Yo soñaba a mi hijo. Un día lo vi caminando en la orilla de la playa, pero en segundos se desapareció. Pero era él. Otras veces lo veía entrar en la casa con su camisa desabotonada", relató entre lágrimas.

La última vez que vio a su hijo fue en el 2008, cuando viajó a México a trabajar como pescador. Después de un mes de haber viajado le llamó desde Puerto Madero: "Me dijo que estaba bien y que ya tenía trabajo con unos amigos que pescaban tiburones. Desde esa fecha nunca más supe de mi hijo. Le pregunté a su novia si sabía de él y tampoco sabía", agregó la sexagenaria.

Anoche, en la casa de la familia Orellana Alvarenga se vivía una fiesta. Muchos vecinos, amigos y parientes llegaron a saludar a los parientes del salvadoreño. Todos daban gracias a Dios por el milagro.

Para hoy está programada la visita de personeros de Migración y Extranjería para iniciar el traslado del compatriota hacia El Salvador. Doña María dice que cuenta las horas para ver de nuevo a su hijo, el tercero de nueve hermanos.

"Desde los 15 años empezó a nadar y era uno de los mejores. Tenía buen pulmón", aseguró el progenitor, quien atribuye a esa habilidad la sobrevivencia de José.

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