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Obra pone en riesgo el Gran Lago y las propiedades en la zona

Ha generado preocupaciones por las desastrosas consecuencias que podría tener en el medio ambiente

Un grupo de personas protesta en San Jorge, en el departamento de Rivas (Nicaragua), donde los pobladores se han manifestado en contra del proyecto del canal interoceánico. foto edh / efe

Un grupo de personas protesta en San Jorge, en el departamento de Rivas (Nicaragua), donde los pobladores se han manifestado en contra del proyecto del canal interoceánico. foto...

Un grupo de personas protesta en San Jorge, en el departamento de Rivas (Nicaragua), donde los pobladores se han manifestado en contra del proyecto del canal interoceánico. foto edh / efe

El sueño del canal es una posibilidad cada vez más dudosa. Un sueño que se puede desvanecer en un suspiro. Una amenaza de pesadilla que puede acabar con la mayor reserva de agua dulce de Centroamérica: el lago Cocibolca.

La megaobra, (cuyo costo inicial se calculó en $40,000 millones creció 20 % de la noche a la mañana y ahora es de $50,000 millones que nadie sabe aún de dónde saldrán), ha generado toda una ola de preocupaciones por las desastrosas consecuencias negativas que podría tener en el medio ambiente.

La propuesta de construcción del canal interoceánico conlleva la necesidad de usar poco más de un millón de toneladas de explosivos para dinamitar el fondo del lago Cocibolca (también llamado lago de Granada y Gran Lago de Nicaragua), así como para facilitar algunos extensos cortes en tierra firme.

La idea ha escandalizado a la comunidad científica nacional, que advierte en contra del uso de explosivos para romper la roca del fondo del lago. Salvador Montenegro, experto en recursos acuáticos, opina que "aún sin conocer a profundidad las condiciones naturales y la dinámica lacustre, se anuncia la decisión de excavar un cauce imposible de mantener operable, que sería fatal tanto para la sostenibilidad ambiental del canal proyectado, como del lago y su uso óptimo".

Los expertos se han mostrado preocupados por las afectaciones sobre el medio ambiente y la vida vegetal y animal que causará el uso de explosivos en el fondo del lago. Advierten que las ondas expansivas matarán a miles de seres acuáticos, y afectarán la posibilidad de alimentación y reproducción de otros miles, además que los residuos de los químicos que componen los explosivos son naturalmente tóxicos.

Incluso, el reputado científico y naturalista Jaime Incer Barquero, también asesor presidencial en temas ambientales, mantiene su posición al señalar que quienes proponen usar el lago como parte del canal interoceánico están jugando con fuego. "La información que le pasan al presidente [Daniel Ortega] no es correcta.... El presidente debería cuidarse de sus asesores entre comillas", señaló.

También los empresarios nacionales y extranjeros que han invertido sus recursos en la franja por donde se pretende construir la vía interoceánica, se preguntan si les pagarán el valor real de sus propiedades o, tal como señala la Ley, serán compensados "según el valor catastral", que es sensiblemente menor que el precio real.

La visita de expertos chinos, (protegidos por policías y militares nicaragüenses), para medir el tamaño y calcular el valor de las propiedades de unas 7,000 familias pobres que habitan la ruta, despertó la ira de los pequeños propietarios, e incluso de miembros sandinistas que han llamado a Ortega "traidor" o "vendepatria".

Rafael Bermúdez, conocido simpatizante sandinista de San Jorge (Rivas), afirma que "no vamos a vender ni una cuarta de nuestra tierra. El comandante Ortega debería recordar que fue el Frente Sandinista quien nos enseñó que 'el pueblo unido jamás será vencido', y eso es lo que se está viendo ahora".

Fátima Duarte, concejal suplente del FSLN también en esa localidad, dice que no entiende qué estaba pensando Ortega al promulgar la Ley para concesionar el canal.

De momento, la empresa china se ha comprometido a construir su complejo turístico en otra zona y por ello se han calmado las protestas.

Para los campesinos y pequeños productores que habitan la zona, la preocupación es más básica y más simple: ¿les quitarán las tierras en las que han nacido y vivido? Su inquietud es tal que han organizado y protagonizado a ambos lados del lago de 8,000 km cuadrados de extensión, 12 marchas de protesta en contra del canal, y de la posibilidad de ser despojados de sus propiedades.

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