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Obama entre la espada y la pared por crisis en Iraq

La Casa Blanca está ante la encrucijada de cómo frenar el avance de los extremistas

Los islamistas radicales se han hecho del control de varias ciudades iraquíes clave en las que EE. UU. había intervenido para su estabilización.

Los islamistas radicales se han hecho del control de varias ciudades iraquíes clave en las que EE. UU. había intervenido para su estabilización.

Los islamistas radicales se han hecho del control de varias ciudades iraquíes clave en las que EE. UU. había intervenido para su estabilización.

WASHINGTON. El avance del grupo yihadista o el Estado Islámico de Iraq y Siria , Estado Islámico de Iraq y Levante, (ISIS o ISIL), hacia la capital de Iraq, ha puesto en jaque al Gobierno del presidente de EE. UU., Barack Obama, quien, además, ha salido mal parado en la guerra de señalar al culpable de la situación actual.

ISIS está amenazando con controlar más ciudades, incluida la capital, Bagdad. Este grupo quiere establecer un estado islámico que se extienda en toda la región.

El avispero de Iraq, la postura del primer ministro iraquí Nuri al Maliki, la ubicación geográfica del país, fronterizo con Siria, todas esas variables han provocado que ahora, el presidente de EE. UU. tenga que tomar una de las decisiones más difíciles de su legislatura en materia de política exterior: ¿cuál debe ser la respuesta al avance de los extremistas en Iraq, cuyo fanatismo supera el de los terroristas de Al Qaeda?

Muchos norteamericanos sienten una profunda intranquilidad frente a la perspectiva de otra participación militar en Iraq. Si EE. UU. actúa militarmente para contener al Isis, podría provocar ataques vengativos contra capitales occidentales o países aliados en el Medio Oriente.

Sin embargo, hay razones por las que Obama no puede fácilmente evitar su participación, ya que EE. UU. dedicó considerable energía y dinero para estabilizar la situación en Iraq.

El presidente, retiró a finales de 2011 a sus últimos soldados de ese país. Más de 1.5 millones de estadounidenses prestaron servicio en el país árabe, más de 30,000 resultaron heridos y casi 4,500 murieron en esa guerra.

En aquel momento, Obama aseguraba, orgulloso, que dejaba un país tranquilo con cierta estabilidad detrás de él. Después de una invasión que duró siete años y cuyo fin se convirtió en principal objetivo del presidente de EE. UU.Washington creía, ciertamente, que dejaba detrás un país estable, capaz de sobrevivir de forma pacífica. Y creía también que no había ninguna duda de ello.

Pero ahora, Iraq vuelve a ocupar las decisiones de Obama. El presidente llega, además, con la presión y el desgaste de nuevos conflictos que surgieron tras el iraquí, como el sirio o el ucraniano, por los que su figura ha sido muy criticada y cuestionada ante su negativa de intervenir en ambas crisis.

Como ya ocurrió con Siria y Ucrania, republicanos y demócratas difieren sobre cómo se debe actuar en la crisis iraquí y todos esperan a ver qué pasos dará el presidente.

"Tenemos que hacer algo para detener el impulso de los yihadistas. Es demasiado tarde para llevar a cabo un largo proceso de reuniones de reconciliación política", afirmó a la cadena Fox el presidente del Comité Inteligencia de la Cámara de Representantes, el republicano Mike Rogers.

Según el diario Wall Street Journal, Obama se decanta, por el momento, por estrategias como "proporcionar inteligencia al Ejército iraquí, lidiar con las divisiones políticas del país y buscar el apoyo de aliados regionales", según explica el diario financiero.

De hecho, Obama anunció esta semana que EE. UU. enviará un contingente de hasta 300 "asesores militares" a Iraq, para "evaluar cómo entrenar, asesorar y apoyar a las fuerzas de seguridad iraquíes de la mejor forma posible". Agregó que crearán "centros de operaciones conjuntos en Bagdad y en el Norte de Iraq, para compartir inteligencia y coordinar la planificación para enfrentarse a la amenaza terrorista del ISIS".

En las últimas semanas, este grupo de extremistas suníes ha tomado ciudades importantes como Mosul y Tikrit, y se ha hecho del control de la refinería de petróleo de Baiji, la mayor del país. Su presión hacia el resto de zonas de Iraq, incluido Bagdad, forzó al Gobierno de Iraq, presidido por Nuri al Maliki, a pedir a EE. UU. que bombardee a los yihadistas.

El debate en la Casa Blanca tiene, además, en cuenta el impacto que la inestabilidad en Iraq genera en la guerra civil en la vecina Siria, y no descartan la posibilidad de una acción militar estadounidense en la frontera que comparten esos países o incluso desde territorio sirio.

También, EE. UU. está cada vez más frustrado con Al Maliki, al que atribuye una instigación de la división sectaria en el país, hasta el punto de que el secretario de Estado de EE. UU., John Kerry, dijo que una salida del presidente iraquí "no necesariamente" desestabilizaría el país.

En los últimos días, los medios estadounidenses han publicado que la Administración Obama ha presionado para forzar la salida del líder chiíta Maliki, a quien se ve como un obstáculo en conseguir un Gobierno más inclusivo.

"No hay una solución militar para Iraq, y, con certeza, no hay una solución militar dirigida por EE. UU", dice Obama, que apostó por hacer esfuerzos diplomáticos para mejorar la estabilidad política en Iraq.

Sin embargo, en otra muestra de la fluidez del discurso de Obama, aseguró que EE. UU. estará preparado para "tomar acciones militares específicas y precisas, si determinamos que la situación en el terreno lo requiere. En ese caso, lo consultaremos con el Congreso y con los líderes de Iraq y de la región", aseveró. —AGENCIAS.

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