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Islamófobos alemanes claman por una "Le Pen propia" que derribe "Merkolandia"

El movimiento islamófobo convocó a menos seguidores, pero la proporción de individuos identificables como neonazis es cada vez mayor 

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Los autoproclamados "Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente" -Pegida- clamaron hoy en Alemania por una "Marie Le Pen propia" para derribar a la canciller Angela Merkel y poner fin al "suicidio" que es para el país, a su parecer, la acogida de refugiados. 

"Necesitamos un Frente Nacional que actúe contra esa ideología mortífera, el islam, que nada tiene que ver con nuestra cultura ni nuestra civilización", proclamó, tres días después de los atentados de París y desde el corazón histórico de Dresde (este) Siegfried Däbritz, uno de los cabecillas de Pegida. 

La líder ultraderechista francesa es "el modelo a seguir" para Alemania, prosiguió Däbritz ante unos 12.000 seguidores -según cálculos de la radiotelevisión pública del "Land" de Sajonia, Mdr-, que enarbolaban un mar de banderas alemanas, entre gritos de "Abajo Merkolandia". 

Pegida repitió así en la capital sajona la convocatoria que organiza cada lunes desde hace un año y cuatro semanas, que esta vez se abrió con un minuto de silencio por las víctimas de los atentados de París, que costaron la vida a al menos 129 personas. 

Däbritz leyó una traducción al alemán de la declaración de hoy de Le Pen, en la que exigió el fin inmediato de la acogida de refugiados, reivindicación que Pegida acoge como propia y a la que añade la necesidad de mantener "bajo estricto control o incluso internamiento" a los peticionarios de asilo musulmanes que están en el país. 

"Sé de un sirio que ha decidido volver a su país, porque desde el viernes sabe que el terror del que huyó llegó a Europa", prosiguió, ante un auditorio salpicado de cabezas rapadas. 

"Van a decapitarnos a todos", gritaba un joven de aspecto claramente neonazi -no faltaba en su vestuario un solo detalle en esa dirección-, mientras una mujer a su lado, sobre los 70 años, advertía que "Alemania vuelve a estar en guerra". 
La concentración en la histórica Theaterplatz fue menos concurrida que en anteriores convocatorias: "Muchos tienen miedo a que (los islamistas) vengan con sus kalashnikov y nos maten a todos, como en la discoteca de París", apuntaba la mujer. 

También fueron menos numerosos que otras veces los contramanifestantes de izquierda -apenas unos 2.000- que desde detrás del cordón policial abuchearon a distancia la manifestación de Pegida. 

El movimiento islamófobo convocó a menos seguidores, pero la proporción de individuos identificables como neonazis es cada vez mayor. 
La concentración de este lunes era un claro desafío a las llamadas del Gobierno de Merkel a la ciudadanía a no mezclar los atentados de París con la llegada de refugiados y a no dejarse arrastrar a consignas xenófobas. 

La canciller ha lanzado este mensaje tanto a través de su ministro de Interior, Thomas de Maizière, el sábado, como con su propia voz, el domingo, durante en la cumbre del G20 que se celebraba en Turquía. 

La militancia de Pegida, sin embargo, no dejó pasar la oportunidad de reforzar sus advertencias contra el islam, que siente ahora ratificadas, como hizo el pasado enero bajo el impacto de los atentados contra la revista francesa "Charlie Hebdo". 

En aquella ocasión llegó a reunir a unos 25.000 seguidores, lo que fue su récord de convocatoria, e hizo desfilar entre los asistentes ataúdes negros con los nombres de cada uno de los dibujantes y miembros de la redacción de esa publicación satírica asesinados por islamistas radicales. 

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A partir de entonces empezó a languidecer, envuelta en luchas internas por el liderazgo y sucesivas dimisiones, además de la retirada de su fundador, Lutz Bachmann, tras el revuelo causado por la difusión de una foto suya posando como Adolf Hitler. 

Con la crispación generada por la llegada incesante de refugiados a Alemania, que podría recibir a más de un millón este año, cobró nuevo brío y hace unas semanas, al cumplir el primer aniversario de sus marchas en Dresde, volvió a reunir a más de 10.000 seguidores. 

Däbritz tomó el relevo como orador principal al líder del movimiento, Bachmann, que "está en una misión muy importante", según dijo, sin desvelar cuál. 

Alternó la tarea con Tatjana Festerling, otra de las cabecillas, quien estos días admitió ante medios locales haber fichado para el denominado servicio de orden a "hooligans" locales, considerados por los servicios de seguridad alemanes como altamente peligrosos y afines a las denominadas "camaraderías neonazis" sajonas.

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