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La Iglesia celebra al nuevo beato

La universalidad de la Iglesia se ha mostrado en Madrid, donde cientos de miles de feligreses de todo el mundo festejan al beato Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei

El delegado papal, cardenal Angelo Amato, saluda a fieles de Asia.

El delegado papal, cardenal Angelo Amato, saluda a fieles de Asia.

El delegado papal, cardenal Angelo Amato, saluda a fieles de Asia.

Madrid sigue de fiesta por la elevación a los altares como beato de Monseñor Álvaro del Portillo, un ingeniero de caminos oriundo de esa urbe y primer sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer en el Opus Dei.

Cientos de miles de fieles de todo el mundo, razas y condición social formaron verdaderas mareas humanas para celebrarlo desde el sábado.

Ayer, el Obispo Prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría, ha presidido una misa de acción de gracias por esta celebración de la Iglesia, donde se destaca el poder de la fe en que todos los hombres y mujeres pueden alcanzar la santidad en el trabajo y la vida diaria.

El Cardenal Ángelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y delegado papal a la Beatificación, lo ha dicho: "El beato Álvaro del Portillo nos enseña que la sencillez y la vida ordinaria son camino seguro de santidad".

A través de su enviado, el Papa Francisco animó a los fieles a "no tener miedo de ir a contracorriente y encontrar el camino de la santidad en la sencillez y cotidianidad de la vida". 

En su mensaje, el Pontífice destacó que Álvaro del Portillo nos envía un mensaje muy claro "que nos dice que nos fiemos del Señor", porque "nunca nos defrauda" y "siempre está a nuestro lado".

 "Son muchas las virtudes, como la fe, la esperanza y la caridad que el Beato Álvaro vivió de modo heroico. Practicó estos hábitos virtuosos a la luz de las bienaventuranzas, de la mansedumbre, de la misericordia, de la pureza de corazón", subrayó Amato, quien recordó el trabajo conjunto del nuevo beato con San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. 

La ceremonia contó con más de 150 obispos, 18 cardenales y un coro de 200 voces, el mismo de la Jornada Mundial de Juventud 2011. 

Después, el niño chileno José Ignacio Ureta llevó hasta el altar, junto a sus padres, la reliquia del nuevo Beato.

El milagro de la curación inexplicable del niño de 11 años, que padecía una grave cardiopatía al nacer, permitió al Papa Francisco en julio de 2013 avalar la beatificación. 

El Cardenal Amato declaró que "el nuevo Beato nos invita a una santidad amable, misericordiosa, afable, mansa y humilde... La humildad es la llave que abre la puerta para entrar en la casa de la santidad".

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